El semáforo de las emociones (primera de dos partes)

Si tu vida fuese un semáforo, ¿en qué luz dirías que te la pasas más tiempo? Generalmente me siento feliz, relajado y disfruto de la vida (luz verde). Es común que me sienta algo frustrado y con cierta ansiedad (luz ámbar). Con frecuencia pierdo el control de mis emociones y me la vivo enojado, angustiado o deprimido (luz roja).

Si tu semáforo personal suele estacionarse en el ámbar o el rojo, no te preocupes: no es tan difícil cambiar si tú te lo propones. El doctor Khalid Sohail, un psicoterapeuta canadiense, es autor de la filosofía de la zona verde de vida, basada en la idea de que los seres humanos solemos ‘ habitar’ en alguna de las tres zonas emocionales asociadas con las luces de un semáforo.

“El primer paso para crear un estilo de vida propio de la zona verde –plantea en su libro ‘ Green Zone Living’– es tomar conciencia de en qué zona emocional se encuentra uno a cada momento”.

Si, por ejemplo, alguien me acusa, desde su ‘ luz roja’ de que soy un necio porque “nunca hago caso” a lo que él o ella me dice, puedo optar por responderle con similar belicosidad desde mi luz roja (“¿Y qué esperabas? ¡Tú eres el que nunca sabes lo que quieres!”). O puedo contestarle con cierta impaciencia desde mi luz ámbar: “No te entiendo, ¿qué me estás queriendo dar a entender?” Lo mejor sería, desde luego, manifestarle en tono comprensivo, desde mi luz verde: “Sí, reconozco que no soy fácil de entender”.

Si, a pesar de mi respuesta conciliatoria mi interlocutor insiste en descalificarme, entonces puedo optar por dar por terminada la conversación, ya que un diálogo productivo solo es posible si ambos interlocutores se encuentran en la zona verde.

Como podemos ver, significa un verdadero reto no dejarse arrastrar hacia el pantanoso terreno de las zonas ámbar y rojo. ¿Son necesariamente negativas las dos? No, siempre y cuando nos cuidemos de no permanecer demasiado tiempoen ellas. Y para así lograrlo requeriremos –en palabras de nuestro experto– de un ‘ impermeable emocional’ que nos proteja.

Por ejemplo, dedicar una hora diaria a actividades que nos hagan olvidar las preocupaciones cotidianas: leer, salir a caminar, escuchar música o conversar con las amistades. Otra de las acciones por la que podemos optar es evaluar cada una de nuestras relaciones, preguntándonos en qué zona se encuentra comúnmente cada una. Si alguna de ellas se encuentra atorada en la zona ámbar o roja, podemos abocarnos a resolver los conflictos pendientes para movernos a la zona verde.

Si el otro no está dispuesto a mejorar las cosas, tal vez lo mejor será descontinuar o disolver esa relación. Y si ambos estamos interesados en salvarla, pero no sabemos cómo, es posible recurrir a la ayuda de un coach o un terapeuta.

El próximo jueves abordaré varias estrategias más para acercarnos a un estilo de vida caracterizado por la bondad, la comprensión y la armonía, propios de la zona emocional verde.