Al hablar sobre su más reciente publicación, ‘Arte indígena contemporáneo’, la investigadora Ingrid Suckaer (Guatemala, 1962), quien radica en este país desde 1983 y se naturalizó mexicana en 2007, señaló que la pensó como una suerte de curaduría, para poner a cada creador que cita ante la mirada de todo el público.

El arte requiere un público para cumplir su cometido, que es transmitir alguna emoción y despertar sensaciones, y en ese sentido, dejó ver su pesar “por la falta de un museo de arte indígena contemporáneo, o al menos, una exposición permanente sobre ese tema”, y Juan Coronel, editor, poeta y crítico de arte, coincidió en cada uno de los lamentos de Suckaer.

Coronel, también curador independiente, dijo a Notimex, en el marco de la presentación, que la historia del arte está escrita por los enciclopedistas. Por esa razón, “debemos hablar de cuestiones estéticas y artísticas para calificar una obra; acaso habría qué ver por qué es que hay arte que comunica y se conecta con el público, y por qué hay arte que no lo hace”.

Ejemplificó lo anterior al recordar que el pintor modernista Rufino Tamayo (Oaxaca, 22 de agosto de 1899-Ciudad de México, 24 de junio de 1991) fue de los primeros artistas que realmente se conectaron con el público internacional, característica que Juan Coronel atribuyó a que el oaxaqueño nunca dejo de ser latinoamericano y así lo plasmó en su obra.

“No se necesita una educación académica para sentir, conocer y ver el arte”, subrayó el crítico. “Lo que hace falta, y mucho, es una adecuada y suficiente difusión del arte que se hace en México; si llevamos un cuadro de El Greco ante los ojos de chamulas del estado de Chiapas, seguramente muchos se sentirán conectados, emocionados y conmovidos”.

Mencionó que para entender qué es el arte indígena contemporáneo, hay que acercarse a sus creadores, y precisó que la pregunta que ante todo debe hacerse es qué es lo indígena. “Esa es una pregunta compleja, pues no ser occidental y las categorías ponen al indígena en último lugar aunque la Coatlicue tenga el mismo valor, o más, que la Venus de Milo”.

La meta del libro, entonces, es reflexionar sobre el arte indígena contemporáneo de América Latina que incursionó a nivel mundial a partir de la obra de autores que usan soportes del arte de hoy en día, y la producción de artistas que emplean soportes tradicionales e innovan con materiales de origen natural, y a la vez, interpretan su cosmogonía con nuevas formas.

El escenario de lo anterior fue el Museo Tamayo Arte Contemporáneo de esta ciudad, donde el público tuvo acceso gratuito a la modesta publicación, pues se elaboró con el apoyo del Programa Intercultural de Equidad para los Pueblos y Comunidades de la Ciudad de México en su actividad ‘Apoyo a comunidades de distinto original nacional’.

Ingrid Suckaer tiene estudios en Ciencias de la Comunicación e Historia y es autora de la biografía ‘Rufino Tamayo. Aproximaciones’ (2000), integrada al acervo de diversas bibliotecas públicas nacionales y del extranjero, y en 2016 publicó ‘Posmodernidad. Del desencanto a la exigencia de un arte ético’. Pertenece al Sistema Nacional de Creadores.

Como corresponsal en México de la Agencia de Noticias del Istmo (ANI), con sede en San José, Costa Rica, entre 1983-1986, Ingrid Suckaer reportó diversos conflictos sociales en Centro América e integró el consejo editorial del boletín quincenal ‘Reporte Noticioso de América Central’. Al final, Suckaer firmó libros a un ramillete de entusiastas asistentes.