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Cinco buenas razones para no odiar tu trabajo

Con justificado escepticismo, bien podrías pensar que este artículo sería más realista si se llamase “Cinco buenas razones para odiar tu trabajo”. Porque motivos hay de sobra: “Mi jefe me odia”, “mi sueldo está para llorar”, “¿es demasiado pedir tan solo un poco de reconocimiento?”.

Ahora voy a decirte algo que probablemente no te va a gustar: si no disfrutas tu trabajo, no es problema del trabajo sino tuyo. De lo contrario, ya habrías cambiado de ocupación o de empleo. A lo que quizás respondas: “Fácil para ti decirlo, ¡pero, lo creas o no, esto es lo único que sé hacer!” o, “Si renuncio, ¿quién va a mantener a mi familia?” Si fuese éste el caso, déjame también decirlo: esta postura tampoco te llevará a ningún lado, pues el conformismo es hermano gemelo del sufrimiento.

Las cinco soluciones que a continuación te propongo están basadas en el libro “Espiritualidad para una vida más fácil, simple y abundante” de Julio Bevione, un autor inspiracional argentino, quien parte de la premisa que el amor siempre será más poderoso que el miedo.

1 ¿Qué tal si en vez de odiar a tu trabajo aprendes a quererlo? Y conste, no te pido que te vuelvas masoquista, solo que cambies tu actitud con respecto al mismo. En vez de lamentarte por tu triste infortunio, piensa que fueron tus propias acciones las que te llevaron a él y en qué es lo que vas a hacer al respecto.

2 Cuando odiamos algo o a alguien es porque no nos amamos lo suficiente. Como señala acertadamente Bevione: “Muchas de las frustraciones que tenemos en el día a día nacen de nuestra imposibilidad de relacionarnos amorosamente con otros porque no entendemos realmente el por qué la vida nos ha acercado a ellos”.

3 Supongamos que decides cambiar de trabajo. Tal vez te digas: “¡Pues sí, sería la solución perfecta!” Éste sería sin duda un buen inicio, pero lamento informarte que, si cambias de trabajo sin cambiar tu manera de vivir la realidad, lo único que lograrás será cambiar un infierno por otro. Porque no es suficiente con anhelar, como diría Yuri, “tiempos mejores”. Se requiere de la fuerza creadora de mente, cuerpo y emociones, unidas como una sola, para sacar de su letargo al espíritu.

4 En último término, los seres humanos somos energía. Si quieres saber si tu energía es positiva o negativa, pregúntate qué sentimientos despiertan en ti los demás: ¿alegría o enojo? ¿esperanza o resignación? ¿desinterés o entusiasmo? Si vives en el miedo, perpetuarás en los demás tus inseguridades y si disfrutas con pasión de la vida, disfrutarás con abandono de quienes te rodean, sin importar de quién se trate.

5 ¿Es factible pensar que con un golpe de timón se puedan dejar atrás el resentimiento y la desesperanza? ¡Por supuesto! A decir de Bevione, la frecuencia de energía de la compasión es “muchísimo más elevada que la del enojo”, de la misma manera en la que un globo se elevará por los aires en el instante mismo en el que lo soltemos.
“El amor es la energía más elevada que conocemos en la Tierra. Y el miedo, su opuesto. El amor nos expande y el miedo nos limita. Nuestra tarea no es huir del miedo sino transformarlo en amor”. Julio Bevione