Ni vistas, ni escuchadas

0
118

Una conducta tolerada socialmente crea un clima de impunidad. Y en esa indefensión aprendida comienza la violencia con palabras e insultos hasta llegar a los golpes. “Si me hubiera dado el ‘ trancazo’ en un mal sitio, hace mucho que ya me hubiera matado”, declaración de una mujer que desea con toda su alma salir de esa cárcel oscura y tenebrosa del maltrato de su pareja, pero no sabe cómo.

Las excusas circulan en varias vías: por un lado, el marido tapa la evidencia argumentando que su esposa tuvo un ‘ accidente en casa’ ; por otro, las autoridades culpan a quienes andan a solas por la noche, se visten provocativamente o trabajan en lugares de dudosa reputación; incluso, algunas mujeres chismean con recelo de la vecina del eterno ojo morado porque “seguro no sabe cómo atender a su marido”.

Esta es la triste radiografía de una sociedad que tiene instalada en su médula el machismo y la misoginia. Y no es de sorprenderse la cantidad asombrosa de feminicidios de los que hoy somos testigos en México, que han dejado de ser un problema inherente a una zona del país, para convertirse en un fenómeno sistémico y repetitivo.

¿Cuál es la diferencia entre las muertes de Ciudad Juárez y las del Estado de México, por ejemplo? Casi ninguna. Solo que en aquella ciudad del norte se engendró un movimiento que acompañó a los asesinatos con la consecuente divulgación de los sucesos. En los demás estados, a pesar de la escandalosa evidencia de crímenes contra mujeres, no había protesta. Así de simple. Y donde no hay ruido, no hay acción; lo sabemos bien. Pero la falta de atención no es nueva: cuando una joven es asesinada es porque ya antes ha sufrido agresiones de todo tipo por el hombre que la considera de su propiedad: padre, novio, esposo o hijo.

Mujeres que no fueron escuchadas y cuyas vidas no fueron protegidas ni por su comunidad ni por el Estado, quedando en mayor riesgo ante sus agresores: cobardes engendros de una sociedad que se tapa los ojos ante señales muy claras, pero se da el lujo de escandalizarse al escuchar las noticias por la mañana.Bien sabido es que, a menor desarrollo, mayor violencia.

Hoy, además de la precariedad de la paz que estamos viviendo, los feminicidios en México reflejan a una sociedad que retrocede, en vez de avanzar. Y el llamado es claro: urge remover el fango social en el que nos encontramos, que ‘ escupe’ hijos varones a quienes se les inculca una falta total de respeto contra su madre o sus hermanas y que repiten, en su vida adulta, como una conducta normal. Un sistema que engendra, también, a hijas que viven en una completa identificación y dependencia con su agresor y que, el día de mañana, fracasarán en su intento por contener la violencia en su contra, asumiendo que es un castigo merecido por ponerse una minifalda o por ser ‘ tontas’ como tantas veces se les dijo desde niñas.

Es urgente que sepan que no están solas, porque un país que valora y protege a sus mujeres es un país en el que vale la pena vivir.