Conflicto entre vecinos

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Ninguna persona, infante o adulto, está exenta de presentar un conflicto en sus relaciones interpersonales. Una desavenencia puede estar motivada por tener una opinión diferente sobre un tema cualquiera o por el simple hecho de percibir las cosas de forma distorsionada, ante la especial realidad del otro. Llama la atención que ante un dilema, se pretenda resolverlo de cierta forma y que resulte más sencillo hacerlo ante una persona desconocida, que ante un familiar, vecino o persona conocida del trabajo o de la escuela.

La incidencia de conflictos entre vecinos va creciendo notoriamente en nuestra sociedad. Ya sea por ocupar el frente de la casa del vecino para estacionar el auto; regresarle amontonada la basura de hojas que se vienen de la casa de junto; tener un concierto de los ‘Cadetes de Linares’, en domingo a las siete de la mañana, al estar lavando su carro; el escándalo que ocasiona su perro cuando pasa cualquier persona; no pagar la cuota del servicio de agua potable del condominio; en fin, no falta motivo que genere un malestar y la consecuente reclamación con el propósito de modificar la situación que molesta.

Para intervenir en estos asuntos nada mejor que la mediación de conflictos, lo que implica considerar los limites al derecho de propiedad del dueño y las condiciones emocionales y cognitivas de las personas en conflicto. Una tarea que los abogados han quitado a los psicólogos. Pero, aunque los limites conforman y delimitan un dominio, las circunstancias y necesidades emocionales hacen que los intereses personales afecten a terceras personas, pues los derechos se vuelven subjetivos y ahí el conflicto en quién tiene la razón.

Muchos de los conflictos vecinales se resuelven negativamente, ya sea insultando o agrediendo o hasta atentando contra la integridad física de las personas y sus familias. Aunque muchas veces, haciendo mal las cosas, se tienen resultados positivos, como en la película ‘El Secuestro’ (Luis Prieto, 2014), en donde el auditorio siempre tendrá una mejor opinión sobre qué hacer para enfrentar a los malos.

El razonamiento versus emoción tienen un protagonismo importante. El pensar es un proceso privado e insuficiente cuando se actúa emocionalmente en público. Nos peleamos socialmente como bestias haciendo uso de las emociones humanas, que han superado la posibilidad de pensar y actuar éticamente. La culpa de todo esto la tiene el temor, el miedo a ser invadido y dañados en nuestro espacio personal. Por eso damos cuenta de que la violencia social se incrementa, como si esta fuera una defensa ante la inseguridad y amenaza de la delincuencia.

La paz no llegará pronto a nuestra ciudad. Formamos parte del escenario nacional del caos y recuperar un equilibrio requiere más que la voluntad de los gobernantes y la necesidad de los ciudadanos. Necesitamos pensar con otras emociones y dejar lo que ahora sucede, en el recuerdo.

Psicólogo Clínico, Twitter@psicgarcia