¿Excomunión a políticos corruptos?

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Recientemente, el Semanario de la Arquidiócesis Primada de México ‘ Desde la Fe’ , publicó en su editorial que con la intención de generar conciencia en la sociedad sobre la trascendencia de la conducta de gobernadores y funcionarios imputados en la comisión de delitos, “especialistas de la Santa Sede analizan ya la viabilidad para aplicar la máxima de las penas a estos políticos rapaces, a fin de sensibilizar a la sociedad de la gravedad de sus actos: la separación del cuerpo eclesial, es decir, la excomunión a los corruptos”.

 

El editorial hizo referencia, asimismo, a los resultados de la fiscalización por parte de la Auditoría Superior de la Federación sobre la malversación de recursos federales entregados a los Estados; y que –en conjunto- no han comprobado alrededor de “98.2 mil millones de pesos, mismos que habrían tenido que ser aplicados al desarrollo, infraestructura, deuda pública, seguridad social o provisiones salariales y económicas, en el período comprendido entre 2013 y 2015”.

 

La Arquidiócesis consideró que cuando se discutió y aprobó la Reforma Político-Electoral, “las fracciones parlamentarias propusieron ambiciosos lineamientos deblindaje, a fin de proteger las candidaturas e impedir que el crimen organizado se hiciera de las riendas del poder, evitando que los cárteles tomaran el control absoluto (…); sin embargo, resultó que el enemigo estaba en casa. Así es, los partidos no se blindaron de las ambiciones corruptoras y desmedidas de gobernadores, cuyas administraciones dan evidencia contundente del nivel de degradación absoluta”.

 

¿Y qué repercusión podría tener en el país la excomunión a políticos corruptos? De ser aprobada la medida, que implicaría la pérdida de los privilegios espirituales, se aplicaría –obviamente- solo a los bautizados.

 

A manera de contexto, veamos algunas cifras: en el 2010, según datos del INEGI, el 82.7 por ciento de la población era católica; y –según el Índice de Percepción de la Corrupción 2015 de Transparencia Internacional- México ocupó la posición 95 de 167 países, con un índice de 35 en el sector público (percepción de empresarios y analistas).

 

Ahora bien, por cada 100 mil personas en el país, 12 mil 590 tuvieron contacto con algún servidor público en el que vivieron un acto de corrupción al llevar a cabo algún trámite; según estimaciones de la “Tercera Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (ENCIG) 2015” del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

 

Adicionalmente, “El 79 por ciento de los mexicanos asocia a la corrupción con el gobierno, los políticos, la policía y los servidores públicos. Es decir, para los mexicanos la corrupción es una actividad característica de trabajadores del Estado. En tanto, 96 por ciento considera que ha participado poco o nada en actos
considerados como corruptos”, con base en la“Evaluación cuantitativa sobre la corrupción en México” (julio, 2016), elaborada por Opciona.

 

Así que si este porcentaje de católicos (que si bien ha ido a la baja en el país en los últimos años) vive de acuerdo con los preceptos de la Iglesia ¿debería ser un buen principio para generar la conciencia social de la que habla la Arquidiócesis…o no? El asunto es que la propia Iglesia ha admitido –desde hace algunos años- una pérdida de credibilidad moral… pero, esa, es otra historia…

P.D. “Pecadores, sí. Corruptos, no”: Papa Francisco