…tan corto el olvido

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Mucho se dice de la muy corta memoria de nosotros los mexicanos. Esa amnesia anterógrada que no permite que los nuevos acontecimientos se incorporen a nuestra memoria a largo plazo, impidiéndonos reaccionar y actuar sostenidamente ante los sucesos –¡tantos sucesos!- que nos indignan al escucharlos.

Y a la Jaime Sabines pensamos: “pasan tantas cosas juntas al mismo tiempo, que es mejor decir que no pasa nada”.

Cierto es que hemos caído en un olvido selectivo de autocomplacencia que nos ha llevado a una permisividad sorprendente para cada escándalo, cada crimen y cada abuso perpetrado contra nuestro lastimado país.

Bien decía Salvador Allende que una sociedad que no tiene memoria es “incapaz de combatir y crear nada grande para el futuro”, además de ser tierra fértil para aquellos que le apuestan a que sus acciones pasen de moda pronto para no ser perseguidos o juzgados con la severidad que merecieran.

Sí, la impunidad es un edificio sólido y oscuro, cuyos cimientos son el olvido y la inacción. Sin embargo, sin querer argumentar con la disculpa de la culpa, los mexicanos nos protegemos porque necesitamos funcionar –comer, trabajar, descansar- y nos reponemos haciendo chistes con la esperanza de un mejor porvenir.

Este hermoso México, llamado “la nación del futuro”, que perdona fácilmente a los incapaces, incompetentes y corruptos porque la realidad rebasa nuestra capacidad de entendimiento.

¿Cómo no, si somos bombardeados diariamente por una cantidad imposible de información negativa que, de desmenuzarla, nos crearía un problema existencial enorme? Hoy, somos lo que recordamos, porque es lo único que podemos y queremos narrar.

Y aquellos valientes emocionales que deciden actuar a partir de un suceso y son deslegitimizados o reprimidos, terminan archivando en el baúl del olvido lo que algún día los movió para no volver a pensar en él.

¿Cómo entonces salir de esa corresponsabilidad de un contexto viciado en el que estamos aprendiendo a estar ciegos y hasta cómodos? Tal vez la respuesta es escoger una causa a la vez, no importa si es chiquita, y ejercitar la memoria cuando consideremos que cierta información merece ser archivada y que merece, además, hacernos reaccionar.

Porque son las pequeñas acciones realizadas en forma continua las que logran grandes cambios. Y un mayor grado de alerta, por cualquiera que sea la causa que se escoja, será lo que impedirá que las cosas queden inconclusas, que se burlen de la justicia y que no existan soluciones reales a tantas problemáticas sistémicas que le pican el alma a nuestro país.

Finalmente, paso a pasito, deberemos actuar y, si no, por lo menos asumir que sufriremos por ello. No hay más.