Resiliencia, el arte de aguantar vara

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¡Ni aguantas vara!’ es una de esas frases vernáculas que ocultan, detrás de su colorido, un significado profundo: ¿no será que careces de la fortaleza necesaria para salir delante de tus obstáculos cotidianos? La lógica es simple: si una bestia de carga es capaz de soportar los varazos que le sirven de acicate para seguir avanzando, ¿por qué tú no?

Un golpe de vara no es, desde luego, cosa placentera, ni para una bestia de carga ni para un ser humano, sobre todo en estos benditos tiempos de protección a los derechos humanos y a los de los animales. Sin embargo, en ocasiones la única opción que le damos a la vida de darnos una lección es darnos unos zape bien colocado.

Como es sabido, la resiliencia es la capacidad del ser humano para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas y ser transformado positivamente por ellas. Yo la describiría simplemente como ‘ el arte de aguantar vara’ . En un artículo reciente en el New York Times, Tara Parker-Pope explica que la resiliencia es una especie de ‘ músculo emocional’ que podemos ejercitar para desarrollar nuestra fortaleza interior. Nos da también algunos consejos para fortalecer dicho ‘ músculo’.

El primero es ver la vida desde la óptica del optimismo. Para el pesimista, el optimista no pasa de ser un ingenuo con buenas intenciones. Tal vez en ocasiones así lo sea, pero también es cierto que el optimista podrá caerse una, dos o tres veces, pero se seguirá levantando, mientras que el pesimista se negará a dar siquiera el primer paso para evitar caerse. ¿Cuál de los dos llega más lejos entonces?

La segunda recomendación es, para decirlo metafóricamente, cambiar nuestro chip mental. Si después de un acontecimiento doloroso nos decimos, por ejemplo, “¡Qué injusticia, me corrieron de la chamba, ya la traían contra mí!” es posible que nos quedemos atorados por un largo rato en la impotencia y el resentimiento. ¿Qué tal si lo reenfocamos de la siguiente manera? “No me hace feliz haberme quedado sin trabajo; sin embargo, gracias a que se cerró esta puerta puedo abrir otras”.

Otra manera de fortalecer el músculo emocional de la resiliencia es, cuando afrontemos una circunstancia particularmente retadora, decirnos: “He salido antes de situaciones peores, no veo por qué no sea así en esta ocasión”o “Sí, no es nada fácil, pero pudo haber sido mucho peor”. De esta manera, en vez de hacernos chiquitos frente al reto, nos creceremos exponencialmente ante el mismo. Esto de ninguna manera garantiza que saldrás exitoso, pero también es cierto que aumentarás así las probabilidades de salir airoso del trance.

Por otro lado, es cierto que nuestro instinto de conservación nos lleva a evitar las situaciones estresantes, lo cual sin duda puede resultar benéfico. Sin embargo, bien valdría la pena preguntarte primero si lo que realmente quieres es sacarle la vuelta a algo que ya es hora de enfrentar. Conviene recordar que el estrés no es necesariamente malo, pues nos ayuda a estar alertas. Solo se vuelve nocivo cuando permitimos que nos desgaste más de lo necesario. En conclusión, lejos de rajarnos como jarritos de Tlaquepaque, aprendamos a aguantar vara.