“Por qué a mí”

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Imagina la imagen desde un satélite: un coche rojo parado. Adentro, Juan desesperado en el tráfico de la ciudad; intuye que, a ese paso, no llegará a la cita con su cliente. Avanza unos metros apenas, pero de nuevo se detiene. Su pensamiento está enfocado en la injusticia enorme de la que es objeto: “¡cómo es posible que haya tanto tráfico!”. Intenta tranquilizarse mientras escucha la radio, pero pasan otros 10 minutos y sigue sin fluir el tránsito. “Qué horror, porqué me sucede esto a mí”.
Se abre la imagen y se pierde el coche rojo en una mancha enorme de ‘automóviles inmóviles’. Resulta que –en su microcosmos de volante y pedales- Juan no se ha dado cuenta que está ocupando un lugar en ese gran estacionamiento diseñado para ser una vialidad fluida, que es uno más en la problemática y, por ende, uno más causándola.
Hacernos cargo de un problema, cuando sufrimos a causa de este, es complicado porque implica renunciar a ser víctimas de algo o alguien. Tomar consciencia de nuestra participación nos lleva necesariamente a responsabilizarnos de nuestras elecciones y, más difícil que tomar una decisión, es estar a la altura de las consecuencias de haberla hecho.
En México estamos en un momento coyuntural en el cual es primordial tomar al toro por los cuernos. Esto implica el saber que si tenemos una bestia enfrente embistiéndonos -violencia, corrupción, educación deficiente o malos gobernantes- es porque algún día, voluntariamente, entramos al ruedo y nos pusimos en semejante posición. Implica, de igual forma, lidiar con nuestros pensamientos acerca de los sucesos que impactan diariamente nuestras vidas, desde los más simples como es el tráfico, hasta los más complejos y dolorosos.
Tal vez, querido lector, estarás pensando en este momento: “¿y yo, que tengo que ver con los cientos de miles de muertos en mi país a raíz de la guerra contra el narcotráfico? Nada y todo. Como observadores de un espectáculo tan macabro como es ese, nuestra posición pasiva es acción también. A veces, se hace mucho cuando no se hace nada o no se hace nada, haciendo demasiado…
La clave está en evitar pensar que el mal está afuera, ya que este razonamiento nos lleva casi en automático a una posición defensiva de atrincheramiento y exclusión. Solo asumiendo que todos somos parte del problema, tendremos la posibilidad de ser parte de la solución. Y así, los ‘Juanes del tráfico’, dejaremos de sentirnos presos de una situación y podremos, en una acción de solidaridad y corresponsabilidad, sonreírle al conductor de junto para ayudarle a cambiar su estado de ánimo e invitarlo a usar productivamente sus “tiempos muertos de queja y victimización” en la creación de posibles soluciones a una problemática que ha dejado de ser ajena para convertirse en propia. Porque para poder ejercer nuestros derechos en una democracia, el primer paso es dejar atrás el ‘ellos’ para pasar al ‘nosotros’ sin miedo a adquirir las responsabilidades que esto conlleva.