La triste desvinculación

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Individualismo: manifestación de una cultura que muy frecuentemente cree que su crecimiento está contrapunteado con el del prójimo. Y así orquestamos los mexicanos acciones fracasadas una y otra vez. En el afán de implementar iniciativas cuyo objetivo es el ser evaluados por nuestros propios logros, en México nos hemos vuelto especialistas en articular esfuerzos esperando el reconocimiento en vez del beneficio común.
Programas van, programas vienen; muchos de ellos muy similares entre sí y que cumplen de forma individual con sus propios objetivos, pero que en su implementación se contraponen, siendo –como siempre- los más afectados aquellos a quienes se pretendió ‘beneficiar’.
Tomemos como ejemplo el tema de la salud en México. ¿Cuántas acciones se han perdido en un despilfarro de recursos materiales y humanos por no considerar en su estrategia una acción coordinada entre instituciones? Comenzando por la fragmentación de la información debido a la inexistencia de un sistema único de datos que, de implementarse, lograría la recolección, validación y análisis de la situación real de la salud de los mexicanos. Y luego nos preguntamos el por qué la diabetes representa el uno por ciento del PIB del país, siendo que esta –como muchas otras enfermedades- requiere de orientación preventiva, de detección temprana y de cuidados personalizados; todo lo anterior, en un esfuerzo conjunto entre instituciones.
Lo mismo sucede con los diferentes esquemas de aseguramiento médico. Como ejemplo, la duplicidad de coberturas: más de 10 millones de mexicanos tienen dos o más seguros de salud lo cual, visto desde afuera, se podría interpretar como buenas noticias cuando en realidad lo único que se logra es una prestación de servicios débil, injusta y menos aún sostenible: servicios distintos con costos distintos y, por ende, resultados distintos para el derechohabiente.
Si hacemos referencia a la seguridad de nuestra nación, el caso no es muy distinto. Nos encontramos a merced de corporaciones policiales desarticuladas y dispersas sin coordinación de mandos con la consecuente ineficiencia y falta de planeación estratégica, por lo que no es de sorprender el fracaso absoluto –80 por ciento de impunidad- en la persecución de delincuentes en México.
Un tema importante a reflexionar para la toma de decisiones en el 2018. Porque, así como los políticos se preparan para la contienda, como mexicanos tendríamos que comenzar a observar –muy de cerca- a aquellos candidatos que en su propuesta incluyan la hermosísima palabra ‘vinculación’. Eso nos referiría a su disposición para implementar acciones articuladas, más allá de colgarse medallas en el corto plazo o cimentar su carrera política. Candidatos que entiendan –de fondo y de forma- que el trabajo en equipo es parte de lo que nos hizo evolucionar como especie y sin el cual la intervención gubernamental es un mero engaño sin trascendencia.