Querétaro violento

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Mucho se dice que “todo tiempo pasado fue mejor” y en algunos aspectos me parece correcta tal aseveración, sobre todo en cuanto a la violencia en nuestros hogares y en la sociedad. Los políticos dirán que anteriormente no se denunciaba en la magnitud en como se hace ahora. Debemos entender que la violencia se presenta en expresiones de género, sexual, emocional, física, familiar, laboral, escolar, social, en el noviazgo, hacia los abuelos y a la infancia.

La violencia no respeta temporalidades, condiciones económicas, sociales, educativas oreligiosas. Es el acto más democrático en la sociedad, pues según estimaciones, el 80 por ciento de la población ha sido participe en un acto violento.

El origen de la violencia parece encontrarse en el deseo de querer tal o cual cosa y que nos lleva a luchar, a provocar y a destruir a otros ciudadanos, con el único fin de que lo obtenido nos llevará a un estado de intensa alegría. Aún en aquellos que luchan contra sí mismo para ser felices y que al no conseguirlo, piensan ganar decidiéndose por la autodestrucción.

Mientras más idealizamos o magnificamos la imagen de lo que deseamos, más inalcanzable se convierte y mayor distancia nos separa de nuestros semejantes. Deseos y envidias se convierten en la energía del actuar cotidiano. Hace 30 años, los habitantes de Querétaro deseábamos obras y servicios urbanos, mayor educación y cultura, anhelábamos estar en una ciudad cosmopolita, pero con el clima social que predominaba en ese entonces. Claro que había eventos que la prensa amarillista escandalizaba, y la sociedad serefugiaba en sus casas o en las iglesias, pero que no pasaban a mayores. Se olvidaba pronto, al igual que las promesas de los gobernantes.

Hoy en cambio, Querétaro se ha convertido en la ciudad que en ese tiempo se soñaba. Los queretanos y migrantes transitamos, en vehículos y a pie, por sus concurridas calles, remodeladas y embellecidas. La modernidad llegó para quedarse. No hay día en que no se anuncie la apertura de un programa o servicio público para beneficio de la población. Los gobiernos han asumido la autoridad y la autoría de la forma en cómo debemos vivir. Así como aprendimos la violencia paterna y la pacificación materna.

A pesar de lo anterior, es muy común ver un Querétaro ciudadano que vive en la inconformidad y que confronta a sus gobiernos y sus leyes. Lo mismo sucede con la autoridad vecinal, institucional, gremial, religiosa y familiar que mucha historia tienen. Nuestros ideales estarían a punto de derrumbarse por la voracidad de consumo de lo que nuestra moderna ciudad nos ofrece: centros comerciales, zonas residenciales, centros de espectáculos, y servicios que nos proveen una satisfacción inmediata, a un precio mayor que el de una vida humana.

Aún con lo logrado, los queretanos no llegamos a consolidar un estado de felicidad suficiente para detener la violencia, el suicidio, los desórdenes emocionales, el consumo de antidepresivos o la disminución de la fe en su iglesia tradicional.

Diría un psiquiatra: “Querétaro padece de Trastorno Panista de
Personalidad”. Sea lo que sea, debemos darnos tiempo para reflexionar el tipo de habitantes que queremos tener para el 2040, como prioridad y muy por encima de los proyectos de modernidad que ya iniciaron.