La responsabilidad de cubrir emergencias

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Previo al inicio formal de la temporada de huracanes, casi dos semanas antes del sismo del pasado 7 de septiembre, entrevisté a tres personas expertas en temas de protección civil para un reportaje que hice.

La intención era mostrar que pese a que año con años enfrentamos al menos un huracán de alta intensidad y a que cada año recordamos el terremoto que azotó la Ciudad de México en 1985, en nuestro país no nos preparamos para enfrentar situaciones de emergencia y no existe una cultura de la protección civil.

Lo acabamos de demostrar en los hechos.

Y en este tema, las personas expertas, las autoridades responsables y quienes investigan los fenómenos naturales y sus efectos piden la participación de los medios de comunicación que siempre han sido fundamentales para hacer llegar a la población información de manera clara, oportuna sobre lo que ha sucedido. El problema está en que las y los periodistas no tienen siempre el entrenamiento para realizar coberturas desde el lugar de los hechos sin ponerse en peligro y cumplir con la encomienda de contar historias.

El caso extremo es ver a aquellos y aquellas colegas que de manera absurda e irresponsable se ponen deliberadamente en riesgo al ‘transmitir en vivo’ en medio de la tormenta, dentro de las inundaciones, sobre estructuras colapsadas, sin tener el menor reparo en presumir que son personas super dotadas, aunque en realidad son personas que en cualquier momento pueden perder la vida por su acto irresponsable.

¿Qué debemos hacer para cubrir una zona de riesgo o de emergencia y con ello llevar información realmente útil a nuestras audiencias?

Aquí algunas recomendaciones simples:

Ninguna, pero ninguna nota vale la vida.

Si no sabe nada sobre Protección Civil, no se haga el valiente.

Decida, ¿es usted periodista o es rescatista?

Las situaciones de emergencia tienen tres momentos, un antes, un durante y un después y si nivel de peligrosidad depende por supuesto del tipo de fenómeno o emergencia de la que estemos hablando y por supuesto, entender los factores geográficos, sociales, políticos, económicos, culturales, etc., que significa el paso de un desastre.

Las y los periodistas debemos identificar el tipo de amenaza que tenemos enfrente y ubicar en el mapa la zona de impacto y desastre, solo así podremos determinar nuestros desplazamientos y la ubicación de zonas seguras porque si hay un huracán, puede haber lluvias que sigan dejando inundaciones, deslaves y/o desplazamientos de laderas.

En el caso de un sismo, siempre habrá una cantidad indeterminada de réplicas. Estar en una zona colapsada es a veces más peligroso que estar en esa zona antes del primer movimiento telúrico.

En estos casos siempre el Estado tiene protocolos de acción y generan información para la sociedad y que ponen a disposición de periodistas. Seguramente en ese cúmulo de información habrá datos falsos, porque toda autoridad tiende siempre a reducir el impacto de un fenómeno, pero es información oficial que podemos y debemos verificar, más no sustituir con un testimonio o dos.

Cuando hay una emergencia siempre hay caos en la información y es por eso que como periodistas profesionales debemos ordenar ese caos, no solo reproducir mensajes sin verificar que hoy por hoy inundan las redes sociales de internet, no hacer eso es abonar a mantener el caos de la emergencia, el temor de la sociedad y sobre todo, la pérdida de credibilidad en nuestro trabajo.

A diferencia de la mayoría de las personas que tras una emergencia deben buscar opciones para salir de la zona afectada, las y los periodistas debemos estar en esas zonas para llevar información, pero debemos hacerlo de manera segura para no quedarnos en el intento… y sin la nota.

*Periodista, autor del “Manual de Autoprotección para Periodistas”