Somos personas y nos afecta cada víctima del sismo rescatista español

Aunque se cuenta con una amplia preparación y experiencia, tanto técnica como psicológica, “somos personas y nos afecta cada caso”, afirma el brigadista español Ignacio Mayandia al recordar la angustia de un joven capitalino que esperaba noticias de su familia atrapada bajo los escombros del edificio del cruce de Emiliano Zapata y Prolongación Petén.

Los cuatro niveles del inmueble, ubicado en la colonia Emperadores, quedó colapsado por completo después del sismo magnitud 7.1 escala Richter del pasado 19 de septiembre, cuyo epicentro se registró en el municipio de Axochiapan, Morelos.

El integrante del Equipo de Búsqueda y Rescate de la Unidad Militar de Emergencia de España explica que entre esos escombros buscaban a un matrimonio y a su hija, y detalla que durante todas las labores estuvo presente un familiar: el hijo.

De este equipo, precisa, la Ciudad de México recibió a 54 rescatistas de manera escalonada y cuatro binomios caninos desde hace cinco días y, a partir de las primeras horas fueron asignados a trabajar en el aquel edifico de la delegación Benito Juárez.

Vestido de su uniforme de trabajo -un overol rojo, boina y con casco en mano-, el joven español comenta que en dicho inmueble realizaron una misión de búsqueda con los perros y también se apoyaron de la tecnología necesaria, la cual consistió en colocar “unos grandes altavoces” sobre los escombros.

Detalla que este aparato permite enviar su voz rápido y fuerte a través de los montones de concreto y tierra: “De esta manera conseguimos que si hay una víctima viva y realiza algún gesto, movimiento o palabra, esas ondas rebotan hacia nosotros”.

Entrevistado en las instalaciones del Centro Nacional de Alto Rendimiento, donde están ubicadas sus casas de campaña para descansar, expone que después de realizar ese procedimiento no encontraron ninguna víctima superviviente, pero “hubo un gesto que me marcó”.

“Justo antes de recoger esos aparatos (…), el hijo, quien estaba presente en la búsqueda, nos pidió por favor utilizar ese aparato con su voz para ver si así recibía la respuesta de sus padres”, relata el rescatista de 33 años de edad.

“Por desgracia, no recibimos una respuesta de sobrevivencia”, comparte con la voz entrecortada y los ojos rojos, y narra: “Por mucha experiencia a la que nos hayamos enfrentado en estas situaciones y el entrenamiento que tengamos, somos personas y esto nos afecta”.

Ignacio insiste en que si bien la formación recibida ayuda a afrontar ese tipo de acontecimientos, “cada caso es único, cada familia es diferente y, desde luego, algo de cada víctima se queda dentro de uno”.

“Pero eso no hace más fuertes, no más débiles, y nos ayuda a volver a nuestro trabajo con fuerzas y ganas”, enfatiza ante las cámaras de Notimex.

Desde su óptica, el brigadista explicó que el sismo del pasado martes 19 de septiembre fue uno de los más fuertes para la Ciudad de México; sin embargo, la mayoría de los edificios se mantienen de pie.

“Está claro que desde el terremoto de 1985 se ha construido de una manera mucho más formal y pensando en que esto podría volver a ocurrir; se nota porque no han caído tantos edificios, como uno podría pensar con un sismo de esta magnitud”.

Ignacio Mayandia hizo énfasis en la solidaridad, unidad y organización demostrada por los mexicanos ante la tragedia que dejaron los sismos de 8.1 y 7.1 en escala Richter.

“(Nosotros) vinimos aquí, no sabiendo bien que nos íbamos a encontrar y nos encontramos a una sociedad unidad ante esta tragedia. El pueblo mexicano tiene que sentirse orgulloso de cómo se ha comportado en esta emergencia”, agrega.