‘Por la libre’

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Dice un viejo refrán muy común y, por lo visto, poco conocido por los partidos políticos: “Tanto va el cántaro al agua, hasta que se rompe”. En su afán por llegar al poder a base decontubernios bizarros llamados coaliciones –derecha con izquierda, centro con derecha, etc.-, hicieron los partidos a un lado la principal razón de su existencia: agremiarse en función de principios comunes para conformar una ideología que, puesta en práctica, beneficie a la sociedad.

Y de tanto golpearlo, su jarrito se quebró. Hoy el electorado sabe que los partidos políticos están lejos de honrar sus postulados y que -¡bingo!- ya no son necesarios para gobernar. ¡Bravo, misión cumplida! Se dieron un auténtico ‘balazo en el pie’, abriéndole la puerta al fenómeno de anti política llamado candidatos independientes, el cual abanderará la idea del cambio hacia las elecciones del 2018.

Este nuevo modelo de representación política, si bien promete cimbrar los cimientos de la contienda electoral, tendría que ser revisado por los mexicanos con mucho cuidado más allá del entusiasmo natural que suscita por ser –supuestamente- la nueva forma de oposición a un sistema de partidos claramente disfuncional.

Son muchas las preguntas que los ciudadanos que iremos a las urnas deberemos hacernos para determinar si esta nueva forma de otorgamiento y administración de los poderes públicos será una solución para nuestro tan apaleado y harto país. Tendremos que analizar si este fenómeno ‘ciudadanizado’ no termina convirtiéndose en un refugio para políticos no comprendidos o poco promovidos por sus partidos. ¡Ya de por si presenciar pleitos internos entre militantes es bastante desagradable como para terminar otorgándoles poder a personajes oscuros, resentidos y sin vocación para servir a su país!

También deberemos evitar el caer en una visión simplista en la que nos ‘traguemos’argumentos –ya lo estoy viendo- que señalarán que todos los políticos que emanan de un partido son malos y que cualquier ciudadano que se deslinde de ellos es bueno. Esta dicotomía, además de absurda, sería -a muy corto plazo- sumamente dañina para una sociedad ya de por sí divida y molesta.

Por el contrario; los mexicanos tendríamos que exigir que aquellos independientes que levanten la mano para meterse a la contienda electoral sean verdaderos líderes, cuyo trabajo en el tiempo les haya dado méritos suficientes para proponerse a sí mismos como ciudadanos dignos de ser contemplados para servir a nuestro país. No podemos pretender que nazca una nueva estirpe de ciudadanos-políticos si traen en sus ‘maletas’ cargando los mismos vicios culturales que hacen que al llegar al poder, solos o con partidos, repitan las mismas conductas fraudulentas y corruptas de siempre.

Por último, debemos tener muy claro que el objeto de permitir candidaturas independientes es impulsar una democracia más representativa que nos libere -con su efectividad- de un sistema político sin ideales ni credibilidad. Y de esta manera, salir a votar en el 2018 desde el conocimiento, no desde la inconformidad.