Empatía política

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El trabajo que realizan los dirigentes de los partidos políticos y los precandidatos independientes, con motivo de la preparación de las próximas elecciones de 2018, no está siendo nada creativa. Sus objetivos es alcanzar el poder por el poder. Sus estrategias y métodos ya caducos llevarán a una contienda, por primera vez en la historia, muy competida y participativa de candidatos, pero mediocre como han sido en los últimos tres sexenios. Su bandera de campaña serán los argumentos de un mayor ingreso de turistas al país, la disminución de la pobreza, el combate al crimen organizado y el aumento al empleo. Y los asuntos con eterna irresolución, son los presupuestos y cobertura de educación y salud a la población. Como siempre, la escucha y atención a las necesidades de la población quedarán al margen del proceso electoral.

La mayoría de las personas que figuran en el escenario preelectoral carecen de una adecuada empatía política. La capacidad de comprender a las personas desde su posición ciudadana, no de la de los políticos, y el saber comunicar al electorado la comprensión de sus necesidades, sentimientos, percepciones y acciones, es lo que se conoce como empatía política.

Los gobernantes tienen la ‘mala costumbre’ de ver lo que ocurre en el país de una manera clara y objetiva y no tienen la sensibilidad de identificarlas tal y como las experimenta el grueso de los habitantes. Esto implica comprender el significado más allá de lo que los ciudadanos expresamos.

No se requiere que los candidatos sean simpáticos ante sus votantes, sino que asuman una escucha activa para tratar aquellos aspectos que son importantes para los mexicanos, sus anhelos e intereses, así como sus temores y urgencias.

Seguramente los partidos políticos cuentan ya con un grupo de miembros afiliados y simpatizantes directos (familiares y futuros colaboradores), pero la gran mayoría de los mexicanos esperamos un cambio que, hasta el momento, nadie lo tiene contemplado, al margen de que sea su discurso de campaña.

Me parece que ante la aparición de candidatos independientes, debería existir un Plan Nacional de Desarrollo de carácter ciudadano, impulsado por grupos de ciudadanos y organizaciones no gubernamentales y que represente la voz y propuesta del electorado. No que sea un documento de campaña para cualquier candidato, sino la actitud y expectativa de los ciudadanos por convivir en paz, con ética y con sentido propositivo de bienestar, para impulsar un frente ciudadano que haga cumplir al gobierno que se elija.

Me pregunto quién o quiénes se atreverán a impulsar algo así, pues los organismos defensores que actualmente existen, han sido contagiados de corrupcionitis. Por lo pronto, espero que en la celebración de hoy, con motivo del día del médico (ayer), se dé respuesta al sentir que muchos profesionales hablamos con el secretario de Salud en el Estado y no sigamos cayendo en ‘oídos sordos’.