Terapias de Tercera Generación

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Los profesionales que se dedican a la psicoterapia han de pasar por un proceso de enseñanza teórica, técnica y práctica, mismo que se realiza al interior de un aula. Quiere decir, aprendemos a ser terapeutas escuchando a los maestros y estudiando materiales con referencia científica. Sin embargo, al margen de éste escenario, no toda la experiencia formativa tiene un diseño académico intencional, sino que la empatía, la alianza y el enganche terapéuticos que se establecen con el cliente, surge de la personalidad misma de quien entrevista. Por ello se requiere de métodos vivenciales de entrenamiento para estimular el crecimiento personal. Tal proceso es llevado de manera similar al realizado por una persona común, pues pone en cuestionamiento las formas acostumbradas de tratar a las personas, de cómo se realiza una comunicación con familiares y amigos y, de darse cuenta del beneficio o no de comunicarnos.
Además de las formas de comunicación de un terapeuta, los procedimientos para lograr ciertos propósitos han evolucionado significativamente, como si la psicoterapia fuera un arte de ciencia. Desde su nacimiento e infancia psicoanalítica, pasando por la enseñanza y condicionamiento del conductismo y del cognoscitivismo, el hacer psicoterapia ha llegado a su tercera generación, o tercera ola. Esto implica que una terapia sea muy vivencial, se oriente a una meta segura, sea estratégica, tenga múltiples niveles de comunicación, sea constructiva y flexible en su rol. Como quien dice: sea todo un regalo para el cliente.
Así, desde 1990, han aparecido nuevos enfoques terapéuticos entre los que resaltan: la Terapia de Aceptación y Compromiso; la Psicoterapia Analítica Funcional; la Terapia de Conducta Dialéctica; la Terapia Integral de Pareja y la Terapia Cognitiva basada en Mindfulness para la Depresión. Estas se diferencian de las terapias tradicionales (primera y segunda generación) porque adoptan funciones más ‘contextualistas’, tomando en cuenta el papel del contexto en la comprensión del evento; utilizan técnicas de intervención más indirectas y estrategias de cambio para experimentar, sentir, vivir en uno mismo; dan importancia a las ‘funciones de la conducta’ (para qué sirve el comportamiento) más que a su forma (modo en que se presenta); y, no se centran en la eliminación o cambio de los eventos privados con el objetivo de modificar la conducta, sino en la ‘aceptación’ de los mismos.
Estas terapias son más creativas, pues se le hace ver a la persona (a través de metáforas, paradojas, ejercicios experimentales, entre otras técnicas) que los intentos de control sobre los eventos privados, no es la solución del problema, sino que dichos intentos de control forman parte del mismo paradójicamente. Lo más importante de ellas es que le conceden mayor importancia al ‘momento presente’(aquí y ahora).
La salud psicológica reside en la ‘flexibilidad conductual y psicológica’ y la necesidad de no tasar el éxito solo en la desaparición de los síntomas típicos del trastorno. ¿Tendrán éxito las psicoterapias de tercera generación? Por el momento, han llegado para quedarse.