Resucitar las virtudes

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Hablar de virtudes parecería cosa inútil hoy en día, pero no lo es. De hecho, entre más grande sea el caos social, mayor será la necesidad de calibrar la brújula moral que nos lleve al destino deseado. Las generaciones pasadas supieron arroparse en ellas y no veo por qué no habríamos de intentar hacer lo mismo nosotros.

Para Aristóteles, la virtud es el hábito personal de procurar y ejercer el bien a través de acciones puntuales en nuestra vida diaria. ¿Qué virtudes identifica el pensador helénico? El valor, la templanza, la generosidad, el júbilo de vivir, el honor, el orgullo, el buen temperamento, la amabilidad, la sinceridad, el sentido del humor, la amistad y la justicia.

La tradición cristiana, por su parte, apunta a siete virtudes, que sirven de contraparte a los pecados capitales: humildad en vez de soberbia; generosidad en vez de avaricia; castidad en lugar de lujuria; paciencia en vez de ira; templanza en lugar de gula; caridad en vez de envidia y diligencia en vez de pereza.

Si bien las virtudes aristotélicas y cristianas aquí enlistadas siguen siendo válidas, el filósofo suizo Alain de Botton nos invita a practicar, de manera adicional, 10virtudes que él considera idóneas para nuestra era.

La primera es la resiliencia, entendida como la capacidad de saber hacer frente a los reveses, ya que los seres humanos poseemos la fortaleza de sobreponernos a la pesadumbre y el miedo.

La segunda es la empatía, que nos abre la posibilidad de conectarnos anímicamente con el sufrimiento y las experiencias de nuestros semejantes. Supone la valentía de atrevernos a contemplar la realidad con ojos ajenos, para así dimensionar mejor la óptica propia.

La paciencia es la tercera. La impotencia que sentimos cuando las cosas no salen como quisiéramos, nos llena de ira. En vez de ello, de Botton nos insta a conservar la tranquilidad y a practicar con paciencia la misericordia, pues tarde que temprano las cosas habrán de salir bien de nuevo.

El sacrificio, la cuarta, consiste en saber hacer de lado nuestra propia satisfacción, en favor de la de alguien más. Privarnos de nuestro ego nos ayudará a afrontar con más éxito las tareas por venir, trátese de formar una familia o de contribuir a que este mundo sea un lugar mejor.

La quinta es la cortesía: nos ayudará a mostrar más tolerancia hacia los demás. El sentido del humor es la sexta. Su valor estriba en que no se conoce mejor remedio para aliviar la tristeza.

La séptima, la autoconciencia, es la versión moderna del ‘Conócete a ti mismo’de los filósofos griegos. En la medida en que sepamos ponernos en sintonía con nuestro ser interior, estaremos en posibilidad de interactuar de manera más efectiva con el mundo que nos rodea.

La octava es la capacidad de perdonar a otros y, también, de perdonarnos a nosotros mismos, pues nadie está exento de cometer errores.

La novena es la esperanza de que algo bueno viene en camino, y la confianza es la última de todas. “La confianza no es arrogancia –nos hace ver el erudito –; es saber entender lo breve que resulta la vida y lo poco que podemos perder si lo arriesgamos todo”.

De Botton es autor de ‘Religión para ateos’, ‘La arquitectura de la felicidad’, ‘Las consolaciones de la filosofía’ y otros libros de exquisita factura.