Psicología del transporte

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Independientemente de que la aplicación del proyecto del nuevo sistema de Transporte Metropolitano de Querétaro me parezca una acción acertada del Gobierno del Estado, pues se ha pensado en la mejora del servicio a los pasajeros, una mayor movilidad motorizada y porque a la ciudad le da una imagen de desarrollo; considero que se ha cometido un grave error al no contemplar el uso de la psicología del transporte.
A dos semanas de haber comenzado a circular las nuevas unidades, con conductores capacitados y evaluados de forma integral, se han presentado problemáticas en el servicio y molestias en la movilidad de los usuarios. De hecho, desde la preparación de los caminos y estaciones hasta la operación misma del sistema, los usuarios han manifestado diversas quejas y protestas. Y es que todo lo nuevo viene a confrontar a los usuarios por el cambio de paradigma que resulta una amenaza al equilibrio cotidiano de la psicología de la población.
Algo no funciona bien. No tiene que ver solamente con el trazado de rutas o la forma de atención de los conductores. Tiene que ver con la actuación de todos los personajes involucrados como: usuarios, choferes, concesionarios, automovilistas, comerciantes, inversionistas y políticos. Y ante esto, la psicología del transporte tiene mucho que decir.
Por una parte, los procesos de adaptación y tolerancia a nuevos estilos de comportamiento social implicó un cumulo de emociones y razones que no se manejaron adecuadamente. La respuesta agresiva (grafitis, daño a las unidades, invasión de carriles, etcétera) ha sido como una protesta ciudadana a las decisiones del gobierno y a la actitud de los choferes del transporte. También, aparece la incertidumbre por los trámites y procedimientos de uso, lo que implica no solo desconocimiento sino también habilidades sociales disminuidas. El valor que la ciudadanía debió haber otorgado al nuevo Sistema de Transporte fue insuficiente, pues la información no fue clara y suficiente para lograr sensibilizar a los usuarios y educarlos en un cambio de comportamiento vial. La idea deimpulsar, simultáneamente, el uso de la bicicleta, el caminar y el compartir automóvil, quizás hasta aplicar el “hoy no circula”, no fue “digerida” por la población.
Existen muchos estímulos que se pudieron aplicar, como el utilizar mensajes específicos de retroalimentación y persuasión: otorgar reconocimientos a los conductores, mejorar la capacitación, quizás hasta instituir un “día del conductor de transporte público”, o bien, ver y difundir que los funcionarios de gobierno viajen. Resulta importante el asegurar el cumplimiento de las sanciones a pasajeros, transportistas y choferes, por las faltas que se cometan al reglamento respectivo.
Yo recomendaría a los ciudadanos crear foros para concienciar sobre el uso de medios de transporte y crear un Consejo que vigile el trabajo del Instituto del Transporte, recordando que “son las percepciones de la gente de las condiciones de uso y no las condiciones reales las que determinan la elección”, pero a las autoridades se les ha olvidado que la gente es primero y no los servicios.