Un país de chambitas

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Muchos años ya desde que, como ‘curiosidad’ de nuestra idiosincrasia, se nos presentaba en una película de Pedro Infante al personaje que llegaba de prisa a su casa y se iba con la misma urgencia diciendo: “ya llegué vieja… ya me voy vieja”. Curioso retrato de una situación recurrente en la cultura –economía- mexicana que, como algo normal, contribuía a hacer más pintoresca la escena. Pero, ¿qué ha cambiado desde entonces en nuestro país? Muy poco.
En días pasados, con bombo y platillo, fuimos informados por el gobierno acerca del descenso -0.4 por ciento- en la tasa de desocupación a nivel nacional. Sin embargo –como es costumbre- la información es sesgada e incompleta, por lo que difícilmente los mexicanos podríamos, a partir de este dato, darnos una idea de la realidad de la situación laboral en México. Sin embargo, los datos no mienten…
En primer lugar, para el gobierno mexicano es suficiente que el desempleo haya bajado para concluir –o pretender que creamos- que hay más trabajo, que el crecimiento de nuestra economía se mantiene y que la economía va por buen camino. Se olvidan de mencionar que para el INEGI una persona ya no es considerada desempleada cuando trabaja por lo menos una hora a la semana; y que en esta situación de chambitas eventuales se encuentran 15 de cada 100 mexicanos, ni más ni menos.
Además, el desempleo no es el único fenómeno que crea pobreza laboral: las cifras nos dicen que mientras creció el número de personas que ganan de uno a dos salarios mínimos, disminuyó la cifra de aquellos que obtienen como sueldo más de cinco salarios mínimos. Como resultado, el 45 por ciento de los jóvenes entre 25 y 29 años con estudios profesionales terminados, laboran en ocupaciones no profesionales.
Y ya no hablemos de esta miopía maligna en la que se considera que la informalidad laboral en la que se encuentran 6 de cada 10 mexicanos es menos grave que el desempleo, y de cómo –solamente- 18 de los 32 estados de nuestro país alcanzarán su meta de generación de empleo formal en el 2017, por lo cual, por los siguientes años, seguiremos inmersos en la gran problemática de millones de personas laboralmente vulnerables, cuya fuente de trabajo no es reconocida por nadie.
Actualmente, el gobierno solo genera poco más de 2 millones de empleos a comparación de los más de 45 millones que genera el sector privado, así que honor a quien honor merece y si hemos de aplaudir a alguien es a aquellos micro negocios, pequeñas y medianas empresas que, a pesar de políticas económicas débiles que no fortalecen la planta productiva nacional –pocos incentivos, muchas trabas-, le apuestan a México y generan empleos. Debió nuestro presidente en su discurso haberse puesto de pie para felicitar a un pueblo luchón y emprendedor que con el sudor de su frente lo hace ‘verse bien’a él y a su partido.
Pero México es mucho más que un 0.4 porciento que hoy ya no es suficiente, porque el trabajo no es una cifra o un dato con el que se pueda nadie parar el cuello, es una señal de identidad para cualquier ser humano, y como nación debemos exigir de nuestro gobierno las acciones necesarias para que, en un futuro no muy lejano, dejemos de ser el país de la informalidad y los bajos ingresos. Para dejar de ser ‘el país de las chambitas’.