Si odias tu trabajo

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¿Tu jefe te parece un tipo nefasto? ¿Tus compañeros de trabajo son francamente intrigosos? ¿Tus clientes se precian amargarte a diario la vida? Y, para acabarla de amolar, ¿te pagan una miseria? Si respondiste sí a dos o más de las preguntas anteriores, no tendríamos que ser unos genios para suponer que tu trabajo no necesariamente te hace feliz.
Cosas como las anteriores hacen que un trabajo sea carente de sentido. Sin embargo, ¿qué tendría que suceder para que un individuo lo considere significativo? Para responder la interrogante anterior, dos investigadores británicos, Catherine Bailey y Adrian Madden, se dieron a la tarea de entrevistar a 135 individuos de diversas profesiones y ocupaciones. La revista de negocios Sloan Management Review reporta los resultados de este estudio.
Bailey y Madden identificaron respuestas comunes a la pregunta “¿Qué tendría que suceder para que tu trabajo te resulte significativo y satisfactorio?” 1) Que éste fuera trascendente, 2) retador, 3) lleno de momentos especiales, 4) rico en experiencias que me hagan reflexionar, y 5) que me ayude a darle sentido al tipo de persona que soy.
La respuesta más frecuente fue trascendencia. Es decir, sentir que mi trabajo impacta positivamente en la vida de otras personas. “La gente no solo se refería a ella misma cuando hablaba de trabajo significativo –puntualizan los autores–; hablaban del impacto o relevancia que éste tendría que tener en otros individuos o grupos y a un nivel social más amplio”. Fue éste el caso de un profesor universitario, quien externó la satisfacción que sentía al asistir a ceremonias de graduación y saber que él había contribuido de alguna manera a que sus alumnos se convirtieran en profesionistas útiles para la sociedad.
Por otro lado, los entrevistados no necesariamente asociaban un trabajo pleno con experiencias felices sino más bien retadoras. Algunas enfermeras, por ejemplo, hablaban de lo difícil que les resultaba trabajar con enfermos terminales y del consuelo que sentían al saber que los habían hecho sentirse acompañados en el ocaso de sus vidas.
Otro de los hallazgos del estudio fue entender que las personas asocian el trabajo significativo con momentos especiales de particular emoción. Bailey y Madden comparten el relato de una asesora de clientes, cuando un cliente se desmayó frente a ella y el regocijo que ésta sintió al ayudarlo a volver en sí y asegurarse de que se encontraba mejor. Contar esta anécdota le permitió a la entrevistada caer en la cuenta de lo significativo que le resultaba su trabajo.
Uno de los descubrimientos fue darse cuenta de que aquello que resulta significativo para un empleado, no necesariamente se relaciona con su trabajo sino, a nivel más amplio, con sus experiencias de vida. Tal el caso de un músico, quien al ser abordado habló de la profunda satisfacción que sintió cuando su padre acudió por primera vez a uno de sus conciertos, pues fue en ese momento cuando pudo valorar a plenitud la ocupación de su hijo.
El estudio concluye que los líderes de las organizaciones tendrían que hacerse cargo de propiciar un ambiente en el que su gente se sienta apoyada y asegurarse de que en el lugar de trabajo sucedan cosas como las aquí referidas.