Del por qué los políticos son como son…

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Anoche, en una charla entre amigos en la que analizábamos el por qué los políticos son como son -mientras degustábamos un delicioso chocolate caliente sopeado con pan rústico, para sobrellevar el frente frío- llegamos a varias conclusiones: el poder los enferma y el dinero los corrompe.
¿De qué otra manera explicar el que personas que conociste tiempo atrás, a quienes incluso llegaste a estimar, cambien tanto cuando ocupan un cargo público? El especialista en Psicología Política, Daniel Eskibel (autor de un sinnúmero de artículos y libros, entre los cuales está Maquiavelo & Freud: Psicología Política para Ganar Elecciones), explica que la zona del cerebro que expertos refieren como el ‘cerebro del reptil’, “controla comportamientos primitivos muy distantes por supuesto de los que controla la zona específicamente humana del cerebro”.
En su artículo “Cuando el cerebro de reptil se apodera de los resortes del mando”, detalla –asimismo- que mientras el área más humana se vincula con aspectos como transformación de la realidad, solidaridad y creatividad, “la zona del cerebro de reptil empuja hacia el dominio, la agresividad, la defensa del territorio y la auto ubicación en la cúspide de una jerarquía vertical e indiscutida”. De la interacción entre ambas zonas, puntualiza el especialista, “surgen ciertos vaivenes humanos en cuanto al poder y su forma de ejercerlo”.
Luego hace referencia al aislamiento del poder, como “una actitud donde pesa sobremanera el cerebro de reptil: ‘éste es mi territorio, acá mando yo, estoy por encima de todos, si llegué aquí es porque soy más capaz que ustedes, si sé más que ustedes entonces no pierdo tiempo escuchándolos, y además no quiero que nadie llegue a amenazar este poder ni siquiera en el futuro por lo tanto no dejo que nadie se acerque, solo dejaré que se aproximen a aquellos que hagan los correspondientes rituales de sometimiento y sumisión…’.
Y subraya que quizá esta prevalencia del cerebro del reptil siempre estuvo presente en ese político, pero nunca lo advertimos… o se presentó cuando obtuvo el cargo público. “Comenzando por la arquitectura del poder (…), su aislamiento físico de la ciudad o su altura, sus murallas o sus accesos difíciles… más todo el laberinto interior de los edificios y la ubicación alejada del despacho del gobernante, literalmente solo y apenas rodeado por un pequeñísimo núcleo (…) Siguiendo por las actitudes del entorno del poder, las secretarias, los asistentes, los colaboradores, los porteros, los choferes, el “sí señor”, la obediencia, la verticalidad, la jerarquía, el constante deseo de resultarle agradable”, advierte Eskibel.
Y para evitar que el cerebro del reptil, ese que le dice “éste es mi territorio, acá mando yo, estoy por encima de todos, si llegué aquí es porque soy más capaz que ustedes, si sé más que ustedes entonces no pierdo tiempo escuchándolos, y además no quiero que nadie llegue a amenazar este poder ni siquiera en el futuro por lo tanto no dejo que nadie se acerque, solo dejaré que se aproximen a aquellos que hagan los correspondientes rituales de sometimiento y sumisión…”asuma el mando, propone socorrerlo para que caiga en la cuenta del peligro del aislamiento.
Pero -además- recomienda estimular sus zonas del cerebro “más propiamente humanas”, en aras de evitar que se convierta en un ente unidimensional que “solo vive para la conquista del poder”.
El gobernante debe aceptar que existen puntos de vista diferentes y que su propio cerebro de reptil puede aniquilar su carrera política… la crítica y la autocrítica, concluye, son fundamentales…