Embarazo adolescente

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A pesar de la gran cantidad de información que se transmite a la población sobre los métodos anticonceptivos, los programas de planificación familiar no parecen tener los resultados esperados, sobre todo en la población de las adolescentes, y en este grupo incluyo a los varones.
El tema del embarazo adolescente ha sido muy controvertido en la población en general, sobre todo, porque tiene que ver con el ejercicio temprano de la sexualidad, los derechos de las niñas, los niños y adolescentes, y el estado de madurez (física y psicológica), por lo que adjudicar juicios de valor a los embarazos por falta de información no parece ser una justificación válida, sobre todo si se trata de ver a los adolescentes como adultos, pues sabemos de muchos adultos que presentan embarazos no planeados o enfermedades de transmisión sexual. Tenemos que abordar éste tema más allá de lo que implica un conocimiento de lo biológico o una creencia religiosa de pecado.
El que los adolescentes se embaracen tiene que ver con su naturaleza psíquica y con el cómo entienden ellos su vida cotidiana. En este rubro, se dice que la conducta sexual temprana representa la búsqueda de solución de dos conflictos. Uno, la definición de la identidad adolescente que procurará la maduración de su personalidad, dejando de ser tratado como niño y aspirando a un nivel superior (la condición de poder en sí mismo), y el otro, el asumir la elección de un objeto amoroso y sexual que lo incorpore al mundo familiar, social y laboral.
Para muchos adolescentes, la posibilidad de desprenderse del apego materno y paterno es el atreverse a “salir de casa”, a como dé lugar, con esta futura obligación y asegurar una relación que defina su nuevo rol ante la sociedad. Sin embargo, algunas otras motivaciones pueden ser “las conflictivas que ocurren en los padres”, las “limitaciones a la libertad de hacer”, el “maltrato recibido” o las “desatenciones y falta de cuidados”. Esas motivaciones facilitan la búsqueda de autonomía que tanto anhelan.
Diría un paciente: “quise embarazar a mi novia para así poder casarme y quedarme con ella para vivir lejos de mis padres”; o como una paciente aceptó: “no logré quitarme la vida, entonces tuve relaciones sexuales y quedé embarazada”. Muchas decisiones adolescentes son emocionales y poco racionales en su búsqueda por lograr una identidad clara y definida. El problema no es la falta de información, sino la formación en los adolescentes para la vida.
El terminar con la autoridad de los padres de forma abrupta, con la intención de transgredirla, conlleva a ubicarse en un escenario de conductas de riesgo, no solo la de un embarazo temprano, igual pueden ser el consumo de drogas, la delincuencia o el suicidio.
En el tema de hoy, el pretender hacer una nueva familia por necesidad al haber perdido la de origen, implica entender que el conflicto es confundir entre desear tener un hijo y el tener un embarazo. No es igual. Tener un embarazo es la protesta y la transgresión, tener un hijo es asumirse como madre o padre.
Los juegos educativos de ser “canguro”, “cuidar un huevo” o tener un muñeco-bebé al que tienen que cuidar no sirve del todo, pues lo que no se aborda es el evento sexuado, prohibido, de tener relaciones sexuales o hacer el amor. El reto es que las autoridades de salud y educación puedan pensar bajo estos conceptos y dejar de emitir cantidad de folletos y libros informativos asexuados.