Ikigai, el arte de aprender a vivir (II de II)

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Los japoneses condensan en una sola palabra una filosofía de vida que refleja fielmente su anhelo de vivir: ikigai. Traducida como ‘valor de vida’, describe el impulso que nos lleva a saltar de la cama por las mañanas y nos mueve a reflexionar sobre cuál es nuestra razón de ser en el mundo: quién soy yo realmente y cuál es mi misión de vida.
Cada uno posee su propio ikigai y la mejor manera de identificarlo es respondiendo a las siguientes cuatro preguntas, para luego encontrar un hilo común entre las cuatro respuestas: 1) ¿Qué es lo que más disfrutas hacer?, 2) ¿En qué eres realmente bueno?, 3) ¿Qué necesita el mundo de ti?, 4) ¿Qué es aquello por lo que pueden pagarte?
Para darte una mejor idea, te comparto mis respuestas personales: 1) Generar conocimiento, 2) Documentar y analizar información, transmitirla a otros y con pasión motivarlos a incorporarla a su vida para ser mejores personas, 3) Poner mi granito de arena para ayudar a la toma de conciencia de las cosas realmente importantes en nuestras vidas, 4) Transmitir este conocimiento al público en general, en ámbitos organizacionales e instituciones educativas.
¿Cuál es el hilo común en mis respuestas? Me veo como un agente de cambio que disfruta de acompañar a personas y organizaciones en el sendero colectivo hacia la trascendencia. Éste es mi ikigai, y ahora te pregunto: ¿cuál es el tuyo?, ¿cómo responderías las cuatro preguntas y cómo relacionarías tus respuestas?
Una vez identificado tu ikigai personal, el siguiente paso es asegurarte de llevarlo a la práctica en tu vida diaria, de manera tal que impactes positivamente a otros, incluso a través de pequeñas acciones. ¿Cuál será tu recompensa? Tu felicidad personal y la satisfacción de contribuir al bienestar y felicidad de otros.
Veo aquí una similitud entre el ikigai y las creencias budistas, que nos hablan de cuatro cualidades a las que podemos aspirar: la bondad incondicional, la compasión, la alegría y la ecuanimidad, mejor descritas en la Oración de las Cuatro Cualidades Ilimitadas:
“Que todos los seres capaces de sentir gocen de la felicidad y de la raíz de la felicidad. / Que todos los seres se liberen del sufrimiento y de la raíz del sufrimiento. / Que nadie se separe nunca de la gran felicidad, vacía de sufrimiento. / Que todos los seres moren en la gran ecuanimidad, exenta de pasión, agresividad y perjuicios”.
Encuentro también una relación entre el ikigai y las enseñanzas de Viktor Frankl en su obra ‘El hombre en busca de sentido’, en la que nos hace un llamado a elegir un proyecto de vida que nos lleve a convertirnos en protagonistas de nuestra propia historia. O, para decirlo en sus propias palabras: “El ser humano, en última instancia, es su propio determinante. Lo que llegue a ser —dentro de los límites de sus facultades y de su entorno— lo tiene que hacer por sí mismo.”
Descubrir tu ikigai te permitirá pues reencontrar tu sentido de vida, potenciar tu felicidad y sellar tu sólido compromiso con el mundo.