Desánimo…

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¿Cómo desear a familiares, vecinos, amigos y compañeros de trabajo un feliz y próspero año, cuando el 2018 inició con la jactancia de un loco como Kim Jong-un de que todo Estados Unidos está al alcance de sus armas nucleares y que tiene un botón nuclear en su escritorio; seguida de la respuesta-amenaza del no menos desquiciado protagonista de ‘Fuego y Furia’, Donald Trump, de que él también tiene un botón nuclear, pero mucho más grande y más poderoso que el del líder norcoreano… y que el suyo ¡Sí funciona!?
¿De dónde saca uno el ánimo para escribir una lista de buenos propósitos a cumplir a lo largo de 365 días, cuando no puedes borrar de tu subconsciente la desgarradora imagen con la firma del Papa distribuida por el Vaticano, del pequeño que espera su turno para la cremación de su hermanito muerto por la bomba atómica de Nagasaki?
Es efectivamente, una buena manera del Pontífice de recordarnos -a casi 73 años de ese genocidio- que no hemos aprendido la lección y que nos encaminamos a cometer los mismos errores… corrijo: ¡los mismos horrores, más que errores!
Y no sé porque, pero en medio de esto viene a mi mente Alexis, enfundado en su vestimenta de monaguillo; ese pequeño que desde hace varios años veo acolitar cada ocho días en la misa dominical. Su firmeza, a pesar de la inocencia propia de su edad, es similar a la del menor de la fotografía… solo que en la mirada tierna de Alexis –ajena a lo que sucede en el mundo y en nuestro país – y a pesar de un sinnúmero de carencias, hay vida y esperanza.
De acuerdo con la Unicef, durante el pasado día de Año Nuevo nacieron en el mundo alrededor de 386 mil bebés; pero de ellos, más del 90 por ciento nacieron en las regiones menos adelantadas.
“Aunque muchos de estos bebés sobrevivirán, algunos de ellos no vivirán más allá del primer día. Se calcula que 2 mil 600 niños murieron todos los días de 2016 durante sus primeras 24 horas de vida. Para casi 2 millones de recién nacidos, su primera semana de vida fue también la última. En total, 2.6 millones de niños murieron antes cumplir su primer mes. De esos niños, más del 80 por ciento murió por causas prevenibles y tratables, como el nacimiento prematuro, las complicaciones durante el parto o infecciones como la sepsis y la neumonía”, detalla la institución de las Naciones Unidas.
A esto hay que sumar las muertes de los niños por las guerras: según la propia Unicef, los niños fueron las mayores víctimas durante el 2017 “a una escala espantosa por el desprecio total de las normas internacionales que protegen a los más débiles (…) Los menores son víctimas de grupos armados rebeldes, de prácticas ilegales de ciertos ejércitos y de grupos terroristas, así como de minas antipersona y otros artefactos explosivos”.
Datos de la Red por los Derechos de la Infancia en México, arrojan que “cada día en México son asesinados 3 niñas, niños y adolescentes; y diariamente desaparecen 4 de ellos en el territorio nacional, sin que ante esta grave situación se cuente con una respuesta contundente del Estado Mexicano”.
“La tristeza del niño solo se expresa en sus labios mordidos y rezumados de sangre”, aparece escrito en la imagen difundida con motivo del fin de año; “Il frutto della Guerra”: escribió Francisco…
¿Y cómo ver a la cara a Alexis –y a nuestros propios hijos- cuando fuimos nosotros quienes los trajimos a un mundo en el que reinan el odio y la ambición?

P.D. “La guerra es un mal que deshonra al género humano”. François Fénelon