Que se me haga la boca chicharrón

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Todo parece que 2018 será un año muy tranquilo en lo que a Reformas Fiscales se trata. Incluso ante la reforma fiscal de Estados Unidos, la Secretaría de Hacienda ya mandó un mensaje de calma, no hay nada de qué preocuparse.
Es una calma fingida, forzada por los tiempos electorales pues el PRI (o cualquier otro partido) firmaría su sentencia de muerte si promoviera una reforma fiscal que generara la más mínima percepción de incrementar los impuestos; no importa cuántas voces soliciten un ajuste en las reglas fiscales para contrarrestar los efectos de la reforma propuesta por Trump, eso, en este sexenio, no sucederá.
Según especialistas el gobierno mexicano ya debería estar pensando en dos cosas: Disminuir el ISR corporativo y encontrar la forma de sustituir la recaudación perdida por haberlo bajado.
Lo primero será pan comido, yo incluso apostaría porque la primera mitad de 2018 no concluye sin algún cambio en el Impuesto sobre la Renta; quizá no una disminución directa a la tasa del impuesto, pero si cuando menos un par de “estímulos” fiscales que incentiven a los empresarios, a través de un menor pago de ISR, a seguir invirtiendo en México.
Lo segundo, sustituir la recaudación perdida es lo que parece imposible. Ningún partido político lo propondrá antes de julio de 2018, cualquiera que resulte vencedor será lo primero que haga.
Incluso sabiendo que no podemos seguir gastando más de lo que tenemos, nuestros políticos solo estarán interesados en resolver el primero de los temas (bajar el ISR) pues atacar el segundo los haría totalmente impopulares. Eso sí, que no nos quepa duda, el posible hueco en la recaudación sería cubierto con alguna reforma tan pronto llegue a los pinos el siguiente presidente, bueno, quizá para 2019 no le alcance el tiempo.
Claro, son meras especulaciones, pero tampoco creo que sean tan descabelladas, el sexenio de Calderón nos dio el IETU y el de Peña Nieto si bien lo derogó, no lo hizo sin antes asegurarse de seguir recaudando lo mismo (incluso más) eliminando deducciones para el ISR. Los dos sexenios anteriores han comenzado con reformas fiscales ‘profundas’ (según ellos) que no precisamente han disminuido lo que nos toca aportar para nuestro querido México.
El siguiente presidente nos ofrecerá entonces lo mismo que los dos anteriores, promesas de reformar las leyes fiscales para tener una tributación más justa y una vez elegido, una reforma fiscal para que paguemos más impuestos. Menos ISR para las empresas y seguramente más impuestos para los consumidores finales.
Que se me haga chicharrón la boca.

Hasta la próxima semana. @Pacoceb