El poder del optimismo inteligente (I de II)

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En años recientes se ha difundido la falsa idea de que, si deseas algo con pasión extrema, se acabará volviendo realidad. Este mito, alimentado por la película ‘El secreto’, basada en el libro del mismo nombre, parte de la dudosa premisa de que atraemos, con el pensamiento, las cosas buenas o malas que nos suceden.
Los embaucadores que se han vuelto ricos con esta engañifa prometen que uno puede tener, hacer o ser todo lo que quiera, sin importar qué tan grande sea: riqueza, salud, felicidad, solo con “decretarlo” para que el universo lo ponga a nuestros pies.
Este sofisma es una grosera deformación de lo planteado en ‘El poder del pensamiento tenaz’ (1952), de Norman Vincent Peale, en el que el predicador metodista planteaba que una actitud permanentemente positiva es la llave para una vida plena y satisfactoria. Medio siglo después, el psicólogo Martín Seligman fundó la psicología positiva, de visión similar, pero de ejecución radicalmente distinta.
A diferencia de Peale, Seligman –ampliamente reconocido en el mundo académico–recurre al conocimiento científico en la búsqueda del bienestar psicológico y la felicidad del ser humano. De acuerdo con su postura, es responsabilidad del psicólogo no solamente sanar a sus pacientes sino también ayudarlos a ser felices.
Sin embargo, a pesar de sus nobles alcances, la psicología positiva muestra una seria limitación: el pesimismo también es útil en ocasiones, ya que nos permite identificar las cosas que podrían salir mal, para poder evitarlas.
Siguiendo la premisa anterior, la Dra. Gabriele Oettingen escribió en 2014 un libro en el que replantea el enfoque del pensamiento positivo: ‘Rethinking positive thinking’. La autora, quien es profesora de la Universidad de Nueva York, no está en su contra, pero señala sus peligros: “El problema es que cuando la gente solamente piensa en un futuro positivo, en su mente ya han logrado dicho futuro, por lo que su motivación para concretar acciones para cristalizarlo se ve disminuida”.
Como podemos ver, el daño causado por los charlatanes de ‘El secreto’ no solamente es irresponsable sino criminal, pues hacen creer a los incautos que basta con desear algo de todo corazón para que el universo se los sirva en bandeja de plata. O, para decirlo de otra manera, no es ningún secreto que para llegar a la felicidad no hay atajos: se requiere de motivación, claridad de mente, disciplina y esfuerzo.
Resulta pues vital identificar los obstáculos que se interponen entre aquello que deseamos y su exitosa realización. “Cuando te pones a pensar en los obstáculos –apunta Oettingen–, necesitas armarte de valor para escudriñar con seriedad qué es aquello dentro de ti que te está impidiendo llegar a la meta deseada”.
Requisito para lograr lo anterior es el contraste mental, es decir, la acción de confrontar una meta positiva con sus posibles obstáculos negativos, un proceso que ella define en cuatro pasos: 1) Qué se desea, 2) El resultado esperado, 3) Los posibles obstáculos, 4) El plan de acción para realizar el deseo. El próximo jueves explicaré en este espacio cómo llevar a la práctica esto que yo llamaría optimismo inteligente.