El poder del optimismo inteligente (II de II)

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Lo que distingue al optimista del pesimista es que el primero ve el vaso medio lleno y el pesimista lo ve medio vacío, ¿cierto? Te pregunto ahora, ¿cuál es mejor entre las dos siguientes opciones? A) Que vea el vaso medio lleno, B) Que tome una jarra y lo llene para que deje de estar medio vacío.
Estarás de acuerdo en que la opción B es claramente mejor, pues mientras en la primera solamente me quedo contemplando el vaso, en la segunda emprendo una acción específica para cambiar mi realidad.
Partiendo del ejemplo anterior, yo le llamo ‘optimista inteligente’ a aquel que se dedica a llenar el vaso en vez de dejarlo como está. Y al que se conforma con verlo medio lleno le llamaría ‘optimista pasivo’. Los dos tienen una visión positiva de la realidad, pero solamente el primero toma la iniciativa de transformarla.
Y ahora diré algo que, de entrada, sonará como una barbaridad: el optimista inteligente tiene más en común con el pesimista que ve el vaso medio vacío que con el optimista pasivo que lo percibe medio lleno. ¿Por qué? Porque tanto el optimista inteligente como el pesimista son realistas (el vaso NO está lleno), mientras que el optimista pasivo no pasa de idealista (le GUSTARÍA que estuviera lleno).
El pesimista es realista, cierto, pero su actitud es pasiva, pues se limita a contemplarlo. El optimista inteligente, en cambio, lo supera, pues toma la iniciativa de llenarlo.
Mi concepto del optimismo inteligente va en línea con lo planteado por la Dra. Gabriele Oettingen en su libro ‘Rethinking positive thinking’, al que me referí en la primera parte de esta entrega. Si bien la catedrática de la Universidad de Nueva York se declara a favor del pensamiento positivo (pensar que las cosas van a salir bien), lo considera insuficiente, pues se queda en el nivel del deseo. Nadie pondría en tela de duda tener buenas intenciones, pero no pasan de ser solo eso: intenciones.
Oettingen propone: Sí, soñar con un futuro mejor, pero también diseñar y ejecutar un plan de acción para hacer de lado los obstáculos que me impiden cristalizarlo. O, para decirlo en mis propios términos: eliminar el obstáculo que representa un vaso que está medio vacío, llenándolo.
Una cosa más. Cuando Oettingen habla de identificar los obstáculos que se interponen entre el presente insatisfactorio y la meta deseada, se refiere a los obstáculos DENTRO DE MI PERSONA. No se trata entonces de las piedras que tu jefe o tu vecino te pongan en el camino, sino de tu propia debilidad de carácter para superarlas. Moraleja: Si logras derrotar al enemigo que está en ti, las demás te parecerán batallas secundarias.