Una psicología insatisfecha

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Poseer una buena salud emocional no siempre es fácil. Muy a pesar de tener la voluntad y el propósito de estar alegres y convivir amablemente con otras personas, no siempre puede uno disfrutar del momento sin tener que preocuparse por algo. Tampoco se trata de que la felicidad sea nuestra compañía todos los días, pues el pensar en aquello que nos incomoda nos ayuda a darle un nuevo sentido a lo que hacemos. Dirían los filósofos: quieres lo que no tienes; pero cuando lo consigues, ya no lo quieres, pues ya lo tienes. Creo que algo parecido pasa con la ciencia de la psicología.
La disciplina que ejercemos los psicólogos ha tenido una gran evolución, dado sus diversos orígenes, teorías, culturas y pensadores. Muchos postulados han cambiado constantemente al momento de reflexionar sobre nuevas realidades sociales, lo que conlleva a una reclasificación de trastornos psicológicos. Los conceptos de salud, sano, enfermo mental, violencia, sufrimiento, adicción, psicoterapia, depresión, familia, adolescencia, entre otros, han cambiado en la superficialidad, aunque su dinámica conflictiva de origen se siga manteniendo. Por ejemplo, el mal comportamiento de un niño ha sido adjudicado desde la alteración de su sistema nervioso hasta el maltrato de otros niños en la escuela, pasando por el abandono de sus padres, el desamor en la familia y por el uso de las nuevas tecnologías. La muerte de mujeres a manos de hombres violentos siempre han existido, pero el feminicidio es una novedosa forma de hacerlo. El Diagnóstico de Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH) ha tenido más de 30 nombres en su historia y aún se mantiene la polémica de si es un trastorno neurológico o solo resultado de una mala crianza. En estos días, se ha declarado que la adolescencia es un periodo del desarrollo, posterior a la pubertad, que termina a los 25 años pues a esa edad los jóvenes están saliendo de casa para seguir su vida independiente o con una pareja. La idea de hace muchas décadas de que la adolescencia no existía, ahora tiene una nueva duración: 15 años.
Aún no queda claro que fue lo que motivó a éste desequilibrio e insatisfacción de las teorías en la psicología. Puede ser la búsqueda de la riqueza, el desapego materno, la carrera contra el tiempo de vida sana, la mercantilización de los satisfactores, la deshumanización del humano o la humanización de los animales. Sea lo que sea, no deja de preocuparnos. El problema es cuando adjudicamos a terceras personas nuestro estado de infelicidad y buscamos en los otros una respuesta convincente, sin considerar que somos los propios responsables de lo que nos sucede.
Hay que reconocer que si los profesionales de la psicología luchan por la autenticidad de su disciplina y por desempeñarse de acuerdo a evidencias científicas, la población en general sigue estando desprotegida y mal educada para conocer lo que implica el verdadero bienestar. Y es aquí en donde se está en riesgo de caer en los ya multimencionados charlatanes de la psicología.