Hábitos para la fortaleza mental (II de II)

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Como apuntaba el jueves pasado en este espacio, Amy Morin, autora de un libro de superación personal, identificó 15 hábitos mentales que distinguen a los individuos mentalmente fuertes. Compartí ya los cinco primeros y continúo con los restantes.
Sexto hábito: muéstrate dispuesto a tomar riesgos calculados, pues tomar decisiones con miedo es limitante. Amy Morin señala que las personas mentalmente sólidas buscan equilibrar sus emociones con el sentido lógico, por lo que saben cuándo resulta oportuno actuar con cautela y cuándo arriesgarse.
Séptimo hábito: enfócate en vivir tu presente. A menudo nos desgastamos arrepintiéndonos de cosas que desearíamos nunca haber hecho. Si bien es bueno aprender del pasado, no resulta sano voltear hacia atrás más de lo necesario, ya que nos privamos de la posibilidad de disfrutar del presente.
Octavo hábito: no ocultes tus errores. Se necesita humildad para admitir que nos hemos equivocado. Aquellos mentalmente fuertes toman responsabilidad por sus acciones, para luego darle vuelta a la página.
Evitan así tropezarse una y otra vez con la misma piedra. Noveno hábito: reconoce los aciertos de otros. Dado que los seres humanos tendemos a ser consumidos por la envidia, es menester que nos demos cuenta de que los éxitos de los demás no les restan mérito a los propios.
Décimo hábito: aprende a sobrellevar el fracaso con dignidad. Desde pequeños se nos enseña a ganar de todas, todas y que no hay nada peor que ser un perdedor. Sin embargo, ‘errare humanum est’ (errar es de humanos). Si de algo nos sirven las fallas es para rectificar el rumbo.
Undécimo hábito: disfruta estar a solas y en silencio. Con el ritmo de vida que llevamos, nos empeñamos en hacer mil cosas a la vez en aras de ser productivos. Sin embargo, hacer un alto nos permite retomar el contacto con nuestro ser interior. No escatimes unos momentos para reflexionar sobre tus acciones, actitudes y sentimientos recientes.
Duodécimo hábito: no busques privilegios. Nos parece ‘injusto’ cuando otros se niegan a cumplir nuestros caprichos. “Si desperdicias tu tiempo intentando recibir lo que crees que mereces –nos hace ver Amy Morin– te perderás de la oportunidad de enfocarte en lo que tú puedes darles a otros”.
Decimotercer hábito: no esperes resultados inmediatos. Acostumbrados a la gratificación instantánea, poco nos esforzamos por obtener la recompensa deseada. Como bien sabemos, los frutos de la disciplina y la perseverancia no maduran de la noche a la mañana.
Decimocuarto hábito: cambia tus modelos mentales. Solemos justificar ciertas actitudes y comportamientos que nos vuelven intolerantes e inflexibles. Aducimos que las cosas son así porque “la tradición manda”. Examina tus creencias y desecha aquellas que te obstaculizan ser una mejor persona.
Decimoquinto hábito: haz lo que predicas. ¿Cuántas personas has conocido que se jactan de la pureza de sus valores para a continuación contradecirse mediante acciones ruines y despreciables? Las personas íntegras buscan la congruencia entre el decir y el hacer. Se esfuerzan también, por cierto, en llevar a la práctica todos los hábitos aquí enlistados.