“Tú también pégale, no te dejes” La agresividad como norma (I de II)

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Supongamos que llega un compañero de trabajo a hacerte un reclamo de manera particularmente agresiva. ¿Cuál sería tu manera típica de reaccionar en una situación como ésta?
A. Le respondo de igual manera: ¡yo no me dejo y además se lo merece! B. Me alejo y busco a alguien a quién contarle lo sucedido. C. Me ‘trago’ la conducta agresiva y me quedo callado. D. Trato de conservar la calma, le explico cómo me siento y le hago ver que no tiene derecho a hablarte de esa manera. E. Voy y me desquito con otro.
Tal vez te digas, ‘No sé, dependería de las circunstancias’. De acuerdo, pero la pregunta es cómo responderías TÍPICAMENTE en una situación así. Si aún así no estás seguro, pídele a alguien que te conozca bien que te diga cómo cree que probablemente lo harías.
Si contestaste ‘A’, o dicha opción te resultó una de las más viables, sería razonable suponer que formas parte del 20% de la población que considera a la agresividad como una manera ‘normal’ de resolver sus problemas.
Carmen Maganto Mateo, quien es docente e investigadora de la Universidad del País Vasco y autora del libro ‘Cómo potenciar las emociones positivas y afrontar las negativas’, señala varios de los factores que contribuyen a que las personas se vuelvan agresivas:
FAMILIA. Las conductas agresivas se aprenden en casa. Por ejemplo, cuando un niño se queja con papá o mamá de que uno de sus compañeritos lo está molestando, en vez de sugerir un curso razonable de acción, le responderá: “¡Pues tú también pégale, menso!, ¿qué no tienes manos para defenderte?” Maganto Mateo apunta al respecto: “Si en el hogar la forma de resolver los problemas es con gritos, insultos o con cualquier tipo de violencia, ésta se aprende como forma de resolución de conflictos”.
INFLUENCIA DE COMPAÑEROS Y AMIGOS. “Dime con quién andas y te diré quién eres”. En todas las etapas de la vida, pero sobre todo en la niñez y adolescencia, sentimos la presión de ser aceptados por nuestro círculo cercano. Esto no tiene nada de malo, el problema es que en algunos de estos grupos (pensemos en las pandillas) el más agresivo es el más valorado.
LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN MASIVA. Si bien no se ha demostrado de manera concluyente que la violencia en cine, televisión o videojuegos sea la causante de que exista más violencia en la sociedad, lo cierto es que un excesivo consumo de este tipo de contenidos tiende a elevar la percepción de que la realidad es necesariamente violenta.
LA AGRESIÓN EN EL DEPORTE. Nadie pondrá en tela de duda que practicar deportes es algo positivo y saludable. Desgraciadamente, deportes como el futbol americano, en donde la agresividad puede llegarse a percibir como una cualidad triunfadora, siembran la falsa idea de que hay que ser agresivo para ser exitoso. Si consideramos que el Super Bowl del domingo pasado atrajo, solamente en los Estados Unidos, a 103 millones de televidentes, habría que empezar a preguntarnos si deberíamos empezar a considerar deportes menos violentos.
El jueves próximo abordaré varias técnicas para alejar la actitud agresiva de nuestras vidas.