Mi ‘3 de 3’

0
128

Agradezco este bendito silencio que nos regala la veda electoral -¡gracias!- en la que se nos da un respiro de tanta y tan mediocre mercadotecnia política, y lo aprovecho para soñar despierta. De pronto me encuentro pensando en qué requiero –y exijo- de quienes pretenden asumir la Presidencia de México por los próximos seis años. Se me ocurre que no es precisamente la obligación que todos los funcionarios públicos tienen de hacer públicas las famosas declaraciones patrimoniales, de intereses y fiscales. Es mucho, pero mucho más.
Mi ‘3 de 3’ tiene que ver con las cualidades mínimas indispensables –aquí o en China- que debiera tener el líder máximo de un país; aquel, bajo cuyo mando navegaremos con rumbo o quien, sin estas, irremediablemente –esperemos que no sea así- llevará a un pueblo ya muy lastimado por años de abusos y omisiones, al naufragio final.
Y no pretendo verme inmersa en un sueño utópico inalcanzable; lo que deseo para mi patria es apenas una somera descripción de liderazgo real en cualquier ámbito, ya sea político, social o empresarial.
Primero que nada, deberá inspirar confianza al demostrar consistencia en sus actos, actuando con ética, respeto e integridad. Tendrá que poner al país por encima de sí mismo y jamás asumir que no tiene que seguir las mismas reglas que impone, teniendo muy, pero muy claro que un servidor público siempre responde a la nación, porque maneja el dinero de la nación; así de simple y sin tolerancia alguna a desviaciones –traiciones, diría yo-.
Segundo: deberá estar dotado de un gran manejo de sus emociones; ese que permite a un líder ser astuto y humilde, no cruel ni cínico. Contar con el tipo de inteligencia emocional que da paso a la sabiduría que reconoce que no siempre las estrategias planteadas funcionan y que la democracia a veces decepciona, para así cambiar de rumbo cuando sea necesario y aplicar nuevos conceptos, generando un nuevo entorno de soluciones.
Y, por último, es imprescindible que tenga conocimiento y experiencia. Si… ya sé, tenemos a uno que se erige como en el que más administraciones se ha desempeñado. Otro que habla muy lindo inglés y francés y, otro más, con gran experiencia en realizar campañas.
No, la experiencia a la que me refiero tiene que ver con ser un candidato que conozca profundamente el entorno de una nación para comprender de fondo los retos a los que se enfrentará en el desarrollo diario de sus tareas y las de su equipo. Porque las buenas ganas de ayudar a un país no son suficientes; lo que se requiere es una gran base profesional que permita la ejecución impecable hacia la realización de los sueños de nuestro México y en base a ese conocimiento, rodearse de gente capaz. Y dije capaz, no voraz, que no es lo mismo, aunque rime.
Hasta ahorita considero que, de tres, ninguno cumple. A uno le gana la rabia, la soberbia y la terquedad. Otro, el “sin partido”, si bien no lo han pescado en nada turbio aún, está claro que se ha hecho miope por años a los excesos y abusos, no de uno, sino de dos partidos. Y el último, solo hace equipo cuando no se oponen a sus intereses, por encima de su mismo partido.
Sin embargo, yo sigo soñando con los ojos abiertos con mi ‘3 de 3’, porque quiero y exijo a un presidente fuerte, humilde, honesto, confiable y experimentado; con los pies en el presente y con una gran visión sistémica del futuro. Deseo un líder que me inspire, y me niego a conformarme con menos.
Además, soñar despierta me mantiene alerta y dormirme para escuchar lo que quieren que taladre mi conciencia, me provocaría las peores pesadillas. No vaya a ser que cuando por fin abra los ojos, sea demasiado tarde.