Cuando la sensatez dejó de ser importante…

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En 2014, el entonces diputado federal, Marcos Aguilar Vega, defendió “como perro”–diría el expresidente López Portillo- a los queretanos, para que no se construyera la estación-Colonia Calesa; porque su instalación tendría graves impactos.
Con base en un estudio del Colegio de Ingenieros –presidido entonces, por cierto, por Hiram Villeda Rodríguez, actual secretario de Obras Públicas en el municipio de Querétaro- Marcos Aguilar aseguró que el proyecto ponía en riesgo la movilidad en el estado y en la capital.
Incluso, durante una comparecencia del Secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruíz Esparza, ante la Cámara de Diputados, Aguilar Vega exigió sensatez para los habitantes de Querétaro.
“¿Por qué insistir en construir una estación del tren en un lugar donde la zona está profundamente consolidada, donde está impedido en términos de movilidad construir una estación que pueda causar una afectación al municipio y a nuestro estado?, dijo en tribuna.
Además, cuestionó duramente al secretario sobre el por qué se había mentido al pueblo de Querétaro en cuanto a las obras de mitigación, y negó que él estuviera politizando el tema… Aunque, 5 meses después, el PAN lo designó como su candidato a la presidencia municipal de Querétaro.
¿Dónde quedó tres años después esa defensa con tanta rabia y enjundia a favor de los queretanos?¿Dónde quedó el juramento de desempeñar “leal y patrióticamente” el cargo de presidente municipal que el pueblo le confirió?
¿En qué momento el “bien y prosperidad de este municipio” del que también habló al rendir protesta al cargo pasó a segundo término, ante los intereses voraces de fraccionadores? ¿En qué momento las autorizaciones a los desarrolladores para modificar la normativa de zonificación, basada en los Planes Parciales de Desarrollo Urbano, se convirtió en una práctica habitual en la capital?
¿En qué momento dejó de importar –por ejemplo- que las edificaciones excedieran en un ¡369.5%! lo que marca la normatividad? ¿En qué momento a un empresario le pareció “viable” proyectar la construcción de dos edificios de ¡40 pisos! en la zona de El Campanario, cuando el máximo permitido son 6?
¿En qué momento el bonito discurso de “la generación de una ciudad compacta, vía la ‘expansión interna y vertical’, con el uso y aprovechamiento de vacíos urbanos para evitar que la mancha urbana siga expandiéndose”, se convirtió el argumento ideal para justificar todas estas violaciones a la normatividad? ¿En qué momento se comenzó también a “mentir al pueblo con obras de mitigación”?
¿En qué momento el que exigía sensatez para los habitantes de Querétaro, se convirtió en un insensato?

P.D. “El insensato que reconoce su insensatez es un sabio. Pero un insensato que se cree sabio es, en verdad, un insensato”. Buda