Ansiedad de nada

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Es muy común y natural sentirse preocupado por motivos diversos. Ello nos favorece a pensar mejor sobre las situaciones que estamos viviendo al momento y su razonamiento favorece a la toma de decisiones, la más adecuada o la que más nos conviene, aunque no siempre sea la que más nos guste. Imagínese si no tuviera que pensar en cómo cruzar la avenida 5 de febrero o cómo dejar al hijo en guardería y llegar al trabajo, a la misma hora, entraríamos en un momento de gran dilema y nuestras emociones se desbordarían poniéndonos en riesgo total.
La ansiedad tiene muchas variantes diagnósticas: el pánico, la ansiedad generalizada, la fobia social, el trastorno obsesivo compulsivo, entre las que más se conocen en la clínica. Aunque las personas buscan ayuda por síntomas diversos: “dificultad para respirar y taquicardia, como si me fuera a dar un infarto”; “Me dan ganas de salir corriendo a la calle sin motivo alguno”; “me desespera escuchar los ruidos que hacen las personas al comer”; “me regreso cinco veces a la casa para asegurarme que apagué el calentador o cerré la puerta con llave”; o “me angustia tanto salir de casa que me la paso encerrada en mi habitación”. Para las personas son problemas y para el profesional son trastornos psicológicos.
Hay estudios epidemiológicos que estiman que entre un 10 y 20 por ciento de la población mundial con algún tipo de ansiedad clínicamente diagnosticada. Sabemos que muchas personas no acuden o no tienen acceso a los servicios de salud y, entonces, pueden estar presentando problemáticas relacionadas a un tipo de ansiedad y no es atendida. Vivir con ansiedad puede llegar a incapacitar socialmente a una persona y alterar la dinámica de su familia, pero, sobre todo, adjudicar culpas que no corresponden ni ayudan a la persona.
Los tratamientos más utilizados son el uso de fármacos, pues estos pueden resultar muy efectivos para disminuir los síntomas. Sin embargo, la persona con ansiedad pudo haber iniciado los síntomas luego de eventos psicosociales adversos y habituarse a ellos. Por eso es importante trabajar la orientación y terapia psicológica de manera acompañada, nunca por separado o posterior a las recaídas o de un tratamiento largo con medicación.
La efectividad del tratamiento depende de tres factores: el apego del paciente, el tipo de psicoterapia y la experticia del profesional. Por eso, para el profesional de la psicología, es muy importante contar con una actualización teórica y práctica sobre los métodos más actuales e innovadores para el tratamiento de la ansiedad.
El problema es mayor. No se cuenta con suficientes servicios institucionales de salud mental para atender la ansiedad y otras problemáticas psicosociales. Hoy se trabaja en crear un centro de atención a víctimas de delito en donde harán falta profesionales adecuadamente preparados. La población está inmersa en escenarios de riesgo y debe estar alerta a las reacciones inadecuadas que presente.