‘Crisis con cause’

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“No m’hijita, no te lo puedo comprar. ¿Qué no ves que el país está en crisis?” Si no te suena, querido lector, es porque vienes de otro país que no es México o tienes más de 120 años de edad.
Por muchas décadas ya, los mexicanos nos hemos percibido como marineros que navegan en un océano por demás turbulento, a la espera de que una gran ola nos dé la zambullida final hacia el naufragio. Hemos, a nuestro parecer, resistido estoicamente momentos críticos y entrado y salido de una crisis tras otra.
Sin embargo, esa palabra que nos ha taladrado tan profundo en el cerebro, en vez de alertarnos, ha deformado nuestra voluntad. Hoy, como resultado, toleramos muchísimo, pero nos mostramos incapaces de salir fortalecidos de la adversidad. ¡Qué distinto sería si de verdad entendiéramos de qué se trata un simple término que, en un contexto equivocado, resulta tan poderosa como incapacitante!
De entrada, la palabra crisis deriva de la palabra griega ‘Krinein’, cuyo significado es ni más ni menos que DECIDIR; lo que resulta muy, pero muy lejano a aquella connotación catastrófica con la que hemos transitado penosamente en este país.
Porque vivir en crisis es lo natural en el ser humano. Es confrontarnos con nuestras propias máscaras para mirar dentro de nosotros y conocer quiénes somos realmente. Es, en resumen, replantearnos para escoger una opción mejor y más en sintonía con nuestras propias aspiraciones y cualidades.
Si, como individuos y comunidad, comenzamos a entender que es momento ya de dejar de sentirnos ‘hijos de la crisis’ y evitamos percibirla como una condición cíclica amenazante, para comenzar a aprovecharla como la mejor oportunidad de reestructurar nuestros recursos colectivos en función de los desafíos que se nos presentan y que se nos seguirán presentando, entonces estaremos en la posición de modificar nuestra realidad. Dejaremos, también, de estar a merced de quienes hoy aprovechan nuestro miedo para su beneficio –políticos corruptos o empresarios igual de corruptos-, porque saben de cierto que no hay mejor presa que la que no se anticipa a la adversidad, ya que jamás será capaz actuar en consecuencia.
¡Abramos los ojos mexicanos! Es tiempo de DECIDIR desde la fuerza de voluntad, la resiliencia y el silencio interior que nos permite escuchar la realidad para encontrar nuevas ideas para cambiar. Ya es hora de que remontemos las olas en vez de esquivarlas o dejarnos ahogar, para que –¡por fin!- identificando las causas de los problemas, impidamos que se repitan. Es momento ya de abrazar la crisis como la única forma de crecer, perdiéndole el miedo a perder para comenzar a ganar. De otra forma, solo ganarán aquellos que decidan por nosotros, ya sea en las urnas o –peor aún- desde Los Pinos.