¿Existe el equipo de trabajo perfecto? (II de III)

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Como comentaba en este espacio la semana pasada, la empresa Google se propuso encontrar el perfil del equipo de trabajo ideal para elevar al máximo la productividad de su gente. Como no tenía la menor idea de cómo lograrlo, integró un equipo de investigadores para encontrar la respuesta.
Sus pesquisas fueron bautizadas como el Proyecto Aristóteles, y Charles Duhigg, un laureado reportero del New York Times, se dedicó a seguirles la pista.
Uno de los aspectos que tomó en cuenta el Proyecto Aristóteles fueron las normas de grupo; es decir, las costumbres y hábitos que regulan la manera en que funcionamos cuando nos encontramos reunidos. Por ejemplo, algunos equipos tienen por norma evitar los desacuerdos en vez de propiciar el debate, mientras que otros favorecen las discusiones acaloradas e intensas.
Las normas de grupo son importantes porque ejercen una poderosa influencia en el actuar del equipo, ya que borran las diferencias entre las variadas personalidades de sus integrantes: si normalmente eres una persona extrovertida, no dejarás de serlo dentro del equipo, pero si en las juntas es mal visto que hables demasiado, procurarás hacerlo con moderación.
Como siguiente paso, los investigadores del Proyecto Aristóteles se dedicaron a identificar las normas que regulaban el actuar de los equipos de trabajo de la compañía y descubrieron cosas tan disímbolas como las siguientes: en algunos equipos era común que se interrumpieran entre sí, mientras que en otros se seguía el más estricto orden: otros grupos acostumbraban embarcarse en conversaciones de índole formal y personal al término de las juntas, a diferencia de otros, en donde no eran tolerados los chismes.
El asunto se tornó más complicado cuando los investigadores descubrieron que las normas de un equipo efectivo contrastaban de manera notable con las de otros igualmente exitosos, lo cual volvió más complicada su misión de encontrar el perfil del equipo perfecto.
Lejos de darse por vencidos, lograron por fin identificar dos comportamientos que los grupos exitosos tenían en común. El primero era que todos los integrantes de estos equipos tenían la misma oportunidad de hablar y ser escuchados, pues si solo una persona dominaba la conversación, la inteligencia colectiva se iba hacia abajo.
El segundo comportamiento que observaron en común fue la sensibilidad social. Quienes conformaban estos equipos eran hábiles para darse cuenta de cómo se iban sintiendo sus compañeros, pues ponían atención a su tono de voz y expresiones faciales. Esta conducta se relaciona con un fenómeno grupal conocido como seguridad psicológica. Es decir, sentir la confianza de hablar con libertad, sin ser rechazado o volverse objeto de burla. Un equipo blindado por la seguridad psicológica se caracterizará por la confianza y el respeto mutuo, ya que cada quién podrá sentirse seguro de mostrarse tal cual es.
Los investigadores del Proyecto Aristóteles sintieron un enorme alivio al darse cuenta de que la seguridad psicológica era la llave para descifrar el misterio del equipo perfecto. En la tercera y última parte de esta entrega te revelaré, lector/lectora, lo que hizo Google a partir de tan crucial hallazgo.