Batallas de lodo espeso

0
170

No es ninguna sorpresa y tampoco es algo nuevo, pero igual lastima profundamente a nuestro país. A pesar de las restricciones que impone nuestro modelo de comunicación, nos hemos visto bombardeados –y agredidos- por campañas políticas negativas, las cuales se basan meramente en descalificar a los adversarios, sin importarles ni un comino si, por sus efectos, dividen a la nación en vez de buscar la unidad. Pero, ¿cómo no aprovechar el escaparate? Mientras haya mexicanos incautos pagando boletos para ver lo que sucede en ese circo de tres pistas, la difusión de mensajes negativos no cesará.
Si algo nos demuestran los candidatos y sus grupúsculos de asesores con estos pleitos ‘al aire’ es que México, la democracia y el bienestar de sus habitantes no son de su interés en absoluto; porque el orientar e incluso convencer, a partir de resaltar ideas y plataformas, exponiendo respetuosamente sus diferencias, es el único enfoque que necesita un país que ha perdido completamente la fe en el sistema político.
Nos encontramos hoy, entre atónitos y desorientados, como niños observando a adultos que se pelean a diario, cuando en realidad necesitamos algo –lo que sea- que nos indique que existe un plan detrás de las propuestas intrascendentes o absurdas de López Obrador, que solo demuestra –una y otra vez- que su visión del mercado es totalmente obsoleta; tampoco ayuda Anaya con su discurso repetitivo y en todos los idiomas acerca de lo corrupto que es el PRI, pero nada más. Y no digamos lo que hace el niño bueno de Meade, quien descalifica con carita de ‘yo no fui’ y deja que la maquinaria pesada de su partido haga el trabajo sucio.
Pero las consecuencias de esta lamentable guerra, tan sucia como vacía, se verán –me atrevo a vaticinar- el día de las elecciones con un gran abstencionismo. Este triste fenómeno en el cual el ciudadano renuncia conscientemente a un derecho importantísimo, reflejándose un duro golpe –otro más- a la democracia en México. Y, ¿cómo juzgar a la gente que decidirá no meter sus boletas en las urnas, si no encuentra una razón congruente para hacerlo?
Claro es que la desvinculación y la apatía son un camino que se cocina lento, pero que, cuando se llega al final, no hay retorno posible, y solo espero que, en su miopía y ansias enfermas por ganar, los candidatos recuerden que una democracia con pocos participantes, no es democracia y que, sin democracia, ellos no son nada ni nadie.