Cómo leer los periódicos sin amargarse la vida

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En el Monterrey de los años 70, siendo yo estudiante universitario, Roberto Escamilla era uno de mis maestros predilectos. Además de cineasta, era un ávido lector de todo lo que cayera en sus manos.
Todos los domingos por las mañanas se iba al Super Siete y se compraba su six-pack de Carta Blanca bien fría. De regreso a casa, se sentaba en su sillón favorito a hurgar con desenfado en las páginas de la voluminosa edición de El Norte dominical, con las consabidas pausas para paladear su cerveza. Después hacía lo mismo con los demás diarios. Dos horas después, con seis ‘cadáveres’ de botellas a su lado, daba por concluido su ritual informativo.
No sé si a sus alumnos nos llamaban más la atención las cantidades industriales de lúpulo consumidas por nuestro mentor o su pantagruélico festín noticioso. En todo caso, nos parecía algo muy ‘cool’ de su parte. Yo, como estudiante de comunicación, me sometía también a intensas dosis de información periodística. Y de hecho hoy sigo haciendo lo mismo, pero con las ediciones en Internet de la prensa.(Más de una vez me he preguntado, por cierto, si el maestro Escamilla habrá actualizado su ritual dominical, pero perdí ya todo contacto con él).
Lo anterior viene a cuento pues acabo de leer algo que me remontó a aquellos tiempos. Farhad Manjoo, un columnista del New York Times, refiere un experimento personal que está llevando a cabo, y que consiste en haberse alejado de todas las redes sociales desde hace dos meses. Nada de Facebook, nada de Twitter, no WhatsApp. Nada. En vez de ello dedica 40 minutos diarios a leer –a la antigüita, en papel–sus tres diarios favoritos. Esto significa que debe esperarse 24 horas para enterarse de lo que sucedió el día anterior.
“Esta experiencia me ha cambiado la vida”, revela Manjoo en su columna del lunes pasado. “Apagar la maquinita de noticias que suelo llevar en el bolsillo –se refiere aquí a su celular–, fue como liberarme de las cadenas del monstruo del marcado rápido, siempre a la espera de interrumpirme con noticias de último minuto”.
“Ahora –agrega– soy menos adicto a las noticias y siento también una menor ansiedad”. Se ha liberado así de las ‘fake news’ que suelen pulular en las redes sociales. Confiesa incluso sentirse algo apenado por la increíble cantidad de tiempo del que ahora dispone. Le ha alcanzado para leer 12 libros, enrolarse en un taller de cerámica y pasarse más tiempo con su esposa e hijos.
A partir de su liberadora experiencia, Manjoo nos da tres consejos: 1) Lee los periódicos, ya sea en línea o impresos (felicidades lector/lectora, ¡tú en este momento nos pones el ejemplo haciéndolo!). 2) Bájale a tu ritmo y no te dejes arrastrar por la endemoniada velocidad de lo instantáneo. 3) Deja de depender de Facebook o Twitter para mantenerte informado.
Supongo que yo también formo parte de las filas de Manjoo. No soy usuario de ninguna de las redes sociales, me entero de las noticias por los periódicos y le he bajado sustancialmente a mi ritmo de vida. Todos lo podemos hacer, por cierto, no es cosa del otro mundo.