¿Todos somos Aburto?

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Hoy más que nunca, las palabras de Luis Donaldo Colosio adquieren relevancia: “Veo un México con hambre y con sed de justicia. Un México de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla. De mujeres y hombres afligidos por abuso de las autoridades o por la arrogancia de las oficinas gubernamentales”…
La bala de un revólver Taurus calibre 38 no solo acabó con la vida de una persona que por la vía institucional –y desde el propio sistema- soñó con cambiar la realidad de los mexicanos.
En Lomas Taurinas, Mario Aburto no solo mató a un candidato… le dio el tiro de gracia a la esperanza de un cambio desde las instituciones.
Casi un cuarto de siglo ha pasado desde entonces y la situación no solo no ha mejorado, sino que cada nueva página que se escribe en la historia de este país es más negra… y lamentablemente, el futuro tampoco luce esperanzador.
Queda claro que ni Zedillo, ni Fox, ni Calderón y –menos aún- Peña Nieto lograron saciar el hambre, desagraviar y acabar con la aflicción de los mexicanos… todos ellos terminaron por traicionar y prostituir a las instituciones…
Pero, ¿Y qué hemos hecho nosotros como miembros de la sociedad en estos 24 años para cambiar esta realidad y reconstruir las instituciones?, porque en la estructura social están también la familia, las escuelas, las iglesias, etcétera. La duda surge hoy cuando nos enfrentamos –por ejemplo- a lo sucedido en el municipio de Colón, con la pequeña Dulce Cecilia, de tan solo 6 años, quien fue abusada y asesinada por su primo de 14 años…
El menor, informó la Fiscalía “Después de jugar un rato con ella la llevó hacia un vehículo que se encontraba dentro de su vivienda y ahí abusó sexualmente de ella. Para evitar que la niña gritara le apretó del cuello hasta que perdió el conocimiento (…) le colocó un alambre en el cuello y apretó hasta asegurarse de que no presentara signos vitales. Finalmente, enterró el cadáver al interior del domicilio para ocultarlo”.
Días después, “la madre del menor agresor percibió un olor fétido en su patio de lavado, lo cual comentó a su esposo, quien al buscar el origen de tal situación notó que parte de una extremidad humana salía de la tierra. Al conocer la situación ambos padres del menor agresor, se pusieron de acuerdo y durante la madrugada (…) desenterraron los restos de la menor, para colocarlos en bolsas de plástico y llevarlos a tirar en el sitio donde fueron localizados”.
Y, tristemente, la justicia solo alcanza para imponerles a los tres una pena máxima de tres años de prisión…
¿Por otro lado, qué pasa con las instituciones educativas? En lo que va del 2018, solo por citar un caso, han sido
despedidos dos profesores de la UAQ y otros están bajo investigación por acoso u hostigamiento hacia alumnas, reconoció la propia rectora.
Ahora bien, en las instituciones religiosas, vemos que un sacerdote fue sentenciado a 63 años de cárcel por violar a un monaguillo; que un personaje destacado por su labor a favor de los derechos humanos, como el padre Alejandro Solalinde, aplaudió el video de la ‘niña bien’, quien con movimientos altamente lascivos al interior de una iglesia baila junto a un cura que se mueve al mismo ritmo que ella para incitar al voto…

¿Hacia dónde vamos? ¿Acaso todos somos Aburto?

P.D. “¡Cambiemos, sí! ¡Cambiemos! ¡Pero hagámoslo con responsabilidad, consolidando los avances reales que se han alcanzado, y por supuesto, manteniendo lo propio: nuestros valores y nuestra cultura!”. Colosio