¡Gracias, Sr. Presidente!

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Debo reconocer que su mensaje tras la orden de Donald Trump de desplegar a la Guardia Nacional en la frontera con México, realmente me asombró… y me asombró por varios motivos.
En primer lugar, porque pensé que no iba a responderle, como en ocasiones anteriores sucedió; estaba segura de que usted, y le ofrezco una disculpa por mi franqueza, nuevamente nos defraudaría a los mexicanos al permitir que este hombre –ejemplo de xenofobia, racismo, intolerancia y estupidez- nos escupiera a la cara sin que usted no dijera ni ‘pío’.
Y porque, además, usted mismo había declarado -la víspera-que el posicionamiento del Gobierno de la República se daría, con toda claridad, a partir del esclarecimiento que hiciera la autoridad norteamericana y que sería “a través de la Cancillería que el Gobierno de México esté fijando una posición muy clara frente a cualquier determinación que tome el Gobierno de Estados Unidos…”
Celebro que haya cambiado de decisión, y que hubiera dado la cara; porque el Presidente de la República es usted (y porque, se lo digo aquí en corto, no confío mucho en que Videgaray haya aprendido ya cómo desenvolverse en el cargo de Secretario de Relaciones Exteriores… ¡Mire que insistir en arreglar todo con el yerno del presidente norteamericano, eso como que no me late mucho; porque existen vías institucionales que hay que respetar!).
En segundo lugar, me asombraron sus palabras. Debo aceptar que fue un discurso muy bien hecho. Citar a los candidatos presidenciales fue un acierto porque –efectivamente- “Los mexicanos podemos tener diferencias entre nosotros, y más aún en tiempos de elecciones, pero estaremos siempre unidos en la defensa de la dignidad y la soberanía de nuestro país”… ¡Bravo por eso!
Pero lo mejor fue cuando lo escuché decir “Si sus recientes declaraciones derivan de una frustración por asuntos de política interna, de sus leyes o de su Congreso, diríjase a ellos, no a los mexicanos. No vamos a permitir que la retórica negativa
defina nuestras acciones”… porque en ese momento sentí cómo me hervía la sangre.
Sus palabras tuvieron en mí el mismo efecto que el grito de un 15 de septiembre ¡¡¡Viva México, cabrones!!!¡¡¡¿Estás oyendo, Trump? ¡¡¡Chinga a tu madre!!!
Y luego, su mensaje cerró con un verdadero broche de oro: “Hay algo que a todos, absolutamente a todos los mexicanos, nos une y nos convoca: la certeza de que nada, ni nadie está por encima de la dignidad de México”.
Sin embargo, Sr. Presidente, una vez que pasó la euforia empecé a caer en la cuenta de que en realidad no anunció usted ninguna medida en concreto, como exigieron los integrantes de la Cámara Alta: “El Senado solicita al Gobierno de la República suspender la cooperación bilateral con los Estados Unidos de América, en materia de migración y de lucha contra la delincuencia organizada transnacional, en tanto el presidente Donald Trump no se conduzca con la civilidad y el respeto que el pueblo de México merece”…
En realidad, usted solo le dijo que si quiere llegar a acuerdos con México, “estamos listos”… Pero, ¿y si Trump no quiere llegar a acuerdos?, ¿estamos listos para eso?
Entonces, Sr. Presidente, pasé de la satisfacción al desánimo, porque recordé que así como Mr. Trump anda en campaña, y su anuncio de la militarización de la frontera fue miel para los oídos de sus seguidores, acá también está en juego el quién será su sucesor; y si usted hubiera permanecido callado, los platos rotos podría pagarlos su candidato. De cualquier forma, le agradezco esos instantes que me hizo vivir al escucharlo hablar con la bandera a un costado…
Aunque no dejo de pensar en cuánta razón tenía Octavio Paz cuando escribió: “Para el mexicano la vida es una posibilidad de chingar o de ser chingado”…porque me queda claro que usted prefiere colocarse en esta última posición.