El talento disruptivo

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Algunos autores los identifican como personas difíciles de tratar, pero con una gran imaginación, fantasiosos, con ideas que rompen toda regla y que tienen la tenacidad suficiente para llevar a una organización a alcanzar metas inimaginables. Ser disruptivo es estar a la moda en un mundo laboral y social muy competitivo, pues se es independiente, inconformista e irreverente con lo que tradicionalmente la autoridad espera que se haga. Su propósito es aprovechar oportunidades no contempladas hasta el momento y generalmente se le contrata con estas características, pero también puede surgir en una etapa de crisis organizacional. Comúnmente, la persona con talento disruptivo, tiene el talento para discutir, debatir y provocar molestia con el resto de sus compañeros, por lo que si no es identificado oportuna y adecuadamente, la meta común no será alcanzada y sí causará problemas en la organización.
Muchas veces el problema no es la persona con tales características, sino el resto de los colaboradores quienes no pueden lidiar con ella y no logran acoplarse a su dinamismo.
El talento disruptivo no solo aparece en el ámbito laboral y de negocios, se encuentra en la economía, la política, las familias, en dependencias de gobierno y en instituciones educativas, aunque su permanencia es corta por su inestabilidad y baja dependencia. No se le ha aprovechado lo suficiente.
Una conducta disruptiva conlleva a una interrupción repentina en algún momento del desarrollo de las organizaciones o de la misma persona. Hay una imposibilidad para crear y sostener relaciones interpersonales, y en escenarios escolares, las conductas inapropiadas o alteradas, boicotean un orden predeterminado, generan un problema en el aprendizaje colectivo, falta de cooperación, indisciplina, insolencias y puede llegar hasta convertir todo en ‘un campo de batalla’. Cuando damos cuenta que algunos maestros sufren de ‘síndrome del quemado’ (estrés crónico) o son sujetos de acoso por parte de sus alumnos, es muy probable que se encuentre presente un talento disruptivo, del que sus padres esperan que la escuela lo ‘encarrile’ adecuadamente y los maestros lamentan lo incorregible que llega de su casa.
No contamos con investigaciones suficientes al respecto, pero lo disruptivo es motivo actual de estudios serios en muchos lugares. No se trata solo de malas costumbres, pérdida de valores o “producto de la sociedad en la que vivimos actualmente”; siempre ha existido la disrupción, pero ha sido catalogada de otra manera. El conflicto causado, en muchos casos necesario, provoca un cambio en las condiciones y relaciones sociales, siempre y cuando sea regulado adecuadamente. Muchas personas opinarán que lo mejor es imponer la disciplina para mantener un orden, en lugar de buscar soluciones para resolver un conflicto ocasionado. Lo cierto es que lo disruptivo ya ha tocado el escenario social y se presenta con una cara electoral que bien puede llevarnos a un país diferente en los próximos años. El orden, las normas y las leyes han sido frágiles y los ciudadanos han justificado sus transgresiones. La participación e integración de los ciudadanos en un nuevo orden social, político y económico puede llevarnos a mayor seguridad y estabilidad social. Éste es un planteamiento básico y simple, sensible y consciente, pero ni así se ha podido emprender.