Un tuit… la punta de un monstruoso iceberg

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Ese famoso tuit que reenvió el señor llamado Ricardo Alemán es apenas la punta de un monstruoso iceberg que muchos sectores han querido ocultar con la misma neblina que causó el accidente del Titanic.
En principio Ricardo Alemán, que ahora clama por perdón al linchamiento público, olvidó que si se cree periodista, tenía que haber hecho un ejercicio elemental: verificar la autenticidad del mensaje, comprobar la existencia del autor, ¿quién es?, ¿dónde trabaja?, ¿es real o es un bot? Hacer periodismo, pues.
Lo segundo que olvidó o se hizo maje, es considerar que hacer un retuit, o darle me gusta a una publicación significan, de facto, asumir una postura, estar a favor o en contra de lo que se ha publicado por otra persona.
Cuando Alemán hizo retuit sin haber hecho la necesaria precisión, mostró públicamente que estaba de acuerdo con el mensaje original.
No importa si el señor después al borde del llanto y en papel de víctima quiso aclarar que no fue su intención. Ya irrisoriamente quiere acusar a un partido político de ser responsables de su propia estupidez.
En realidad no debería de sorprendernos lo que hizo Ricardo Alemán, porque ha sido congruente con su aberración hacia un candidato a la presidencia, odio que ha expresado prácticamente diario desde hace varios años y que lo volvió un personaje víctima de ofensas y agresiones constantes en plataformas sociales de Internet, especialmente en Twitter.
Y este es el meollo del asunto. El retuit de Ricardo Alemán es tan solo la punta de un monstruoso iceberg que existe desde que nació Twitter en 2004 y que en los últimos años ha ido creciendo pese al calentamiento global.
Twitter se ha convertido en una plataforma donde las expresiones de odio e incitaciones a la violencia han sido una constante todos los días, TODOS LOS DÍAS y no podemos olvidar las millones de cuentas que esta empresa estadounidense ha cancelado en el mundo por sus vínculos a grupos terroristas, neonazis, misóginos que incitan al odio, la violencia y al asesinato. Alemán solo es uno más.
En México desde 2008 se encendieron las alertas cuando Twitter, Facebook o Youtube comenzaron a ser usadas por bandas del crimen organizado para convocar a sus acciones violentas, asesinatos, secuestros o ajustes de cuentas.
Y ya ni qué decir de los miles de publicaciones, fotos, memes, videos que circulan en estas y otras plataformas digitales con mensajes de odio por las filias o fobias por aspirantes a cargos de elección popular, partidos o sectores sociales; mensajes que crecen al ritmo que avanzan las campañas electorales.
Un buen amigo y experto en comunicación digital alguna vez me dijo. “No alimentes al monstruo”, al referirse a la necesidad de hacer caso omiso e ignorar a quienes nos agreden en Internet, pero esto es justamente lo que esta sociedad ha dejado de hacer, porque prefiere subirse al ring digital, convertirse en activistas de escritorio y gritones de redes sociales.
Y son muchos y muchas de esas personas transformadas en trolls las que ahora vuelven a agredir a Ricardo Alemán haciendo exactamente lo que dicen criticar.
Ya solo como recordatorio:
El Derecho a la Libertad de Expresión, como derecho humano, nos pertenece a todos y todas y habremos de defenderlo; pero, el Derecho a la Libertad de Expresión tiene sus límites en el resto de derechos humanos y por lo tanto NO es un permiso ni patente de corzo para descalificar, discriminar, agredir, acusar en falso ni mucho menos para incitar al odio y convocar a cometer crímenes.
Ampararse en el derecho a la libertad de expresión para decir que es válido agredir o asesinar a alguien es un despropósito.
Pero también la libertad de expresión es y debe ser la única regulación que necesitan las plataformas sociales de Internet como cualquier otro medio de comunicación y que ya está debidamente legislado en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

* Periodista, autor del ‘Manual de Autoprotección para Periodistas’ y de la ‘Guía de Buenas Prácticas para la Cobertura Informativa sobre Violencia’