Para las mamás, poemas

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Sirva este espacio de modesto y emotivo homenaje a todas las mamás, las presentes y las que nunca habrán de irse, porque siempre seguirán vivas en nuestros corazones. A manera de regalo, he convocado a reconocidas voces de la lengua española para que a su vez nos obsequien con sus inspirados versos.
Vaya antes una amorosa dedicatoria a Eva Adelina, mi madre; a Chris, madre de Jessy y David, nuestros hijos; a Jessica Marie, madre de Mateo, nuestro pequeño nieto; a Margarita, madre de mi padre; a Magdalena, madre de mi madre, y a Donna, madre de mi esposa. Benditas sean todas.
AMADO NERVO, ‘Poema a la madre’. Yo adoro a mi madre querida, / yo adoro a mi padre también, / ninguno me quiere en la vida / como ellos me saben querer. / Si duermo, ellos velan mi sueño, / si lloro, están tristes los dos, / si río su rostro es risueño, / mi risa es para ellos el sol. / Me enseñan los dos con inmensa ternura / a ser humano y feliz, / mi padre para mi lucha y piensa, / mi madre ora siempre por mí.
ALFREDO ESPINO (poeta salvadoreño), ‘Las manos de mi madre’. Manos las de mi madre, tan acariciadoras, / tan de seda, tan de ella, blancas y bienhechoras. / ¡Solo ellas son las santas, solo ellas son las que aman, / las que todo prodigan y nada me reclaman! / ¡Las que, por aliviarme de dudas y querellas, / me sacan las espinas y se las clavan en ellas!.. / Ellas son las celestes; las milagrosas, ellas, / porque hacen que en mi sombra me florezcan estrellas. / Para el dolor, caricias; para el pesar, unción; / ¡Son las únicas manos que tienen corazón!.. / ¡Las manos de mi madre saben borrar tristezas! / ¡Las manos de mi madre perfuman con terneza!
GABRIELA MISTRAL, ‘La madre triste’. Duerme, duerme, dueño mío, / sin zozobra, sin temor, / aunque no se duerma mi alma, / aunque no descanse yo. / Duerme, duerme y en la noche / seas tú menos rumor / que la hoja de la hierba, / que la seda del vellón. / Duerma en ti la carne mía, / mi zozobra, mi temblor. / En ti ciérrense mis ojos: / ¡duerma en ti mi corazón!
MARIO BENEDETTI, ‘La madre ahora’. Doce años atrás / cuanto tuve que irme / dejé a mi madre junto a la ventana / mirando la avenida / ahora la recobro solo con un bastón de diferencia / en doce años transcurrieron / ante su ventanal algunas cosas / desfiles y redadas / fugas estudiantiles / muchedumbres / puños rabiosos… / después de doce años / mi madre sigue en su ventana / mirando la avenida / o acaso no la mira / solo repasa sus adentros / no sé si de reojo o de hito en hito / sin pestañear siquiera… / ella repasa sus adentros / ochenta y siete años de grises / sigue pensando distraída / y algún acento de ternura / se le ha escapado como un hilo / que se le ha escapado como un hilo / que no se encuentra con su aguja / cómo quisiera comprenderla / cuando la veo igual que antes / desperdiciando la avenida / pero a esta altura qué otra cosa / puedo hacer yo que divertirla / con cuentos ciertos o inventados / comprarle una nueva tele / o alcanzarle su bastón.