Los ‘milagros’ de La rosa de Guadalupe (I de II)

0
277

Lulú, una adolescente de 14 años, es muy popular en las redes sociales. A través de éstas conoce a un hombre misterioso que la corteja y la rodea de lujos y regalos, incluido un coche último modelo. Su mamá, una mujer sabia y abnegada, le pide que deje de verlo, pero ella la ‘desoye’. El misterioso galán resulta ser un narco que la obliga a irse a vivir con él, diciéndole: “Tú eres mía, ¡solo mía!”.
Apesumbrada, se pone a rezar: “Virgencita de Guadalupe, por favor te lo pido, ayúdame a regresar a mi casa… a rectificar todo lo que hecho mal… por favor virgencita, ¡ayúdame!”. Amorosamente, la Guadalupana escucha sus plegarias y le concede el milagro de librarla de las garras del desalmado delincuente. De regreso en casa, arrepentida, Lulú promete ser una buena hija: “Mamá, comencemos de nuevo…”
La historia anterior, contada en un episodio reciente de ‘La rosa de Guadalupe’, es típica de ese popular programa. Dirigido principalmente a la juventud, advierte de peligros como el enfrentado por Lulú: drogas, violencia, acoso sexual, embarazos no deseados, bullying. Televisa lanzó al aire el primer capítulo en 2008 y, tal ha sido su éxito que, 10 años después, ha llegado ya a las 1,100 emisiones, ¡un verdadero récord!
Cual carambola de tres bandas, el referido programa televisivo debe su enorme éxito a otras tantas razones: 1) Su uso oportunista del símbolo por excelencia del imaginario mexicano, como lo es Nuestra Señora de Guadalupe , 2) la utilización manipuladora del pensamiento mágico para conjurar las amenazas al discurso moral imperante, 3) su cursi tono telenovelero, que tan buenos dividendos le ha reportado a la empresa Televisa desde sus inicios.
Como entretenimiento, funciona: es catártico, pues alivia nuestras penas. ¿Es también educativo? Si por educación entendemos el desarrollo armónico de las facultades intelectuales, morales y afectivas de una persona, claramente se queda corto. Yo diría que, por el contrario, entorpece el pensamiento crítico al hacerle creer al televidente que, en vez de tomar la iniciativa para hacerse cargo de su vida, le resultará más cómodo endosarle sus problemas a la siempre comprensiva Morenita del Tepeyac.
Mi postura no pretende de manera alguna poner en tela de duda al guadalupanismo, pues considero que las creencias del pueblo deben ser atesoradas y respetadas. Lo que me parece cuestionable es la explotación de la fe religiosa con fines de lucro, pues es bien sabido que esta teleserie genera pingües ganancias a la televisora que tan diligentemente lo produce. De acuerdo con Nielsen IBOPE, con sus 3.5 millones de espectadores ‘La rosa de Guadalupe’ ocupaba en enero el primer lugar en las mediciones de rating de la televisión mexicana realizadas por ese instituto.
Televisa no es la única en llevarse una tajada. En su libro ‘La ideología mestizante’, el Dr. Jorge Gómez Izquierdo, catedrático de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, hace responsables a los poderes fácticos de favorecer “la manipulación nacionalista de la Guadalupana” para disimular las desigualdades sociales favorecidas por estos.
Continuaré el jueves entrante.