Los ‘milagros’ de La rosa de Guadalupe (II de II)

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El 16 de agosto de 2011, Itzel Elvira Murillo, una niña coahuilense de 10 años se quitó la vida tras ver un capítulo de ‘La rosa de Guadalupe’. En el episodio, una pequeña intenta suicidarse tras la separación de sus padres y le reza a la Morenita del Tepeyac para que ambos puedan reunirse de nuevo. Como es propio del programa, la virgencita le concede el milagro y reúne felizmente a su familia.
Itzel, quien atravesaba por una situación similar, siguió el ejemplo del personaje. Al ver que sus rezos resultaban infructuosos, la infortunada criatura se colgó en el interior de su domicilio. Entrevistadas por la prensa, sus compañeritas de 5.º año de primaria reportaron que Itzel se quedaba solita por las tardes viendo televisión. ‘La rosa de Guadalupe’ era su serie favorita.
El infortunado caso pone en tela de duda el regocijo con el que representantes de la iglesia católica recibieron la serie tras su estreno televisivo. El presbítero José Aguilar, a la sazón subdirector de Radio y Televisión del arzobispado de México, declaró al diario La Jornada en 2009: “Tiene una buena finalidad porque, en lugar de ver un programa donde hay desesperanza, pobreza y tragedias, se habla de historias de fe”. La ensalzaba por “capturar los sueños de la gente” y abrirles la posibilidad de refugiarse en Nuestra Señora de Guadalupe para enfrentar sus conflictos.
Traigo a colación el caso de la pequeña Itzel a propósito de un estudio de audiencia televisiva publicado hace dos semanas por el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), el cual revela que ‘La rosa de Guadalupe’ es uno de los cuatro programas más vistos por la niñez mexicana.
El problema es que, como ya vimos, no deberían verlo los niños, dada su clasificación B15 (adolescentes y adultos), en función de su compleja y delicada temática: drogadicción, sexo, violencia y problemas familiares. Si al menos un adulto hubiese acompañado a Itzel en sus solitarias tardes frente al televisor, seguramente otras hubiesen sido las consecuencias (cabe acotar que la pequeña vivía con su madre, a quien no me atrevo a juzgar, pues desconozco los particulares de su dinámica familiar).
“Bueno, pero mis niños ya no ven televisión, solo Internet y Netflix,” podría acotar algún avezado padre de familia y, por supuesto, le doy la razón. Sin embargo, la señal de televisión abierta sigue siendo el vehículo principal de entretenimiento para niños de niveles socioeconómicos precarios, dado su nulo o limitado acceso a los servicios de internet y televisión de paga. De acuerdo con el citado estudio del IFT, el público televisivo infantil aumentó en 2017, en comparación a años anteriores. Si tomamos en cuenta que en nuestro país viven 28.8 millones de niños, el problema dista de ser menor.
A manera de conclusión: a) el guadalupanismo es benéfico en la medida en que permite a los creyentes expresar su espiritualidad y manifestar su fe religiosa, b) Televisa y la jerarquía católica se han aprovechado del éxito de la ‘La rosa de Guadalupe’ para favorecer sus particulares intereses, c) Los padres de familia deben acompañar a sus niños cuando vean televisión o hagan uso de los adminículos electrónicos en boga.