No pasa nada, Sr. Presidente…

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¡Ay, Sr. Presidente! Le confieso que casi me hace llorar su discurso de hace unos días frente a estudiantes.
Sentí tanta pena cuando admitió que no es cierto lo que algunos piensan de que “el Presidente se la vive auténticamente a todo dar ahí, en Los Pinos, disfrutando de los bellos jardines… y de una gran casota”.
También me entristeció saber que no haya podido usted gozar del puesto como seguramente imaginó cuando era candidato… “La verdad es que para el Presidente a veces, más bien pasa a ser algo que ni siquiera logra apreciar, ni disfrutar plenamente; porque tal es el grado de responsabilidad que tiene un Presidente que su mente normalmente siempre está ocupada en pensar en resolver, en tomar decisiones”.
Y que decir de su gran revelación a quienes aspiran a sucederlo… un verdadero acto de nobleza de su parte, que seguramente están tomando en cuenta; es más, quien quite y alguno se arrepienta, como Margarita… y eso le dé unos puntitos al “Yo, mero”: “Hoy, a aquellos que aspiran, les diría, no saben lo difícil y duro que es ser Presidente; porque pesa en una sola persona, en el cargo del Presidente de la República, tomar muchas decisiones, pensando en el bien del país, que no siempre son bien aplaudidas, o bien aceptadas y que a veces son decisiones difíciles”.
Gracias, en verdad, por hacernos caer en la cuenta de que no se vale soñar, que no “vamos a arribar a ese México que todos queremos y lo pintamos… pues muy bonito. Un país donde prácticamente sea el paraíso”, porque “suena muy bonito en la retórica”…
Y, pues sí, “ese México, y esa nación… no va a existir, porque, la verdad, es que se hace todos los días. Y ese estado de bienestar y de calidad de vida que cada quien encuentre en sus entornos donde viva, donde trabaje, dependerá del esfuerzo y de la contribución que cada uno haga; y se va viviendo día a día”.
¡Su sinceridad me enterneció! ¡Cuánta generosidad hubo en sus palabras, Sr. Presidente! Casi, casi, me hizo creer que los mexicanos hemos sido muy crueles con usted; por poco y me arrepiento de haber ‘retuiteado’ o dado ‘like’ a tantos memes que hacían mofa de su persona…
Pero entonces recordé su casa blanca, el caso Odebrecht y la ‘Estafa Maestra’. Pensé en que tan solo de enero a abril de este año –según cifras oficiales- 84 mil 498 personas fueron víctimas de delitos contra la vida y la integridad corporal; que hubo 16 mil 114 homicidios; 269 feminicidios; 382 secuestros; 144 casos de trata de personas; que se cometieron 2 mil 366 delitos contra la salud (en sus modalidades de producción, transporte, tráfico, comercio de drogas, etc.)… que hay miles y miles de desaparecidos y que los periodistas son asesinados por hacer su trabajo.
Y, perdóneme la franqueza, Sr. Presidente, pero ante su sinceridad, lo menos que merece es que yo también lo sea… y hoy quiero decirle, que usted no estuvo a la altura de las circunstancias, que le quedó muy grande el saco, que nos avergonzó a los mexicanos.
Pero, ¡no pasa nada, no pasa nada, Sr. Presidente! – parafraseando la canción de Ha*Ash- No le estoy reclamando (…) Yo me voy a aguantar, mientras usted se ríe a carcajadas (…). Yo me voy a alejar y usted se va a la fregada (…); y si preguntan por qué cortamos, les diré que se fijen en la talla de sus zapatos”…