¿Un cambio sin lágrimas?

0
131

Estamos acostumbrados a decir adiós a las personas, a los animales, a un empleo, al año escolar y a múltiples situaciones, ya que nada es permanente y todo cambia de un día para otro. Cambia el tiempo y nosotros también. Sin embargo, a veces nos resulta muy difícil aceptarlo, porque es muy cómodo mantenernos y apegarnos a lo que teníamos. Al no resolver estos cambios, dejamos ‘ciclos de vida abiertos’ o ‘puertas abiertas’ que nos pueden motivar dolor por todo lo que cargamos de aquello que vivimos y que -dice la psicología humanista-, dejamos ‘asuntos pendientes’.
Se dice que la vida es como un libro y ‘dar vuelta a la página’ implica saber qué es lo que sucederá en las siguientes. Ese momento representa un final y un inicio en el que experimentamos y aprendemos momentos alegres y tristes. Cuando ese aprendizaje queda incompleto decimos que un círculo se quedó abierto y por consiguiente, arrastramos emocionalmente la experiencia inconclusa a la siguiente faceta de vida y actuamos rumiando lo vivido mientras las demás personas siguen adelante. No encontramos respuesta al preguntarnos porqué. Lo que sucedió, sucedió, y los hechos pasan y hay que soltarlos.
Sucesos como la muerte de un ser querido, una ruptura sentimental o la derrota de nuestro candidato preferido a elección popular, ocurren circunstancialmente y no por capricho o curiosidad; aunque requieren de cierta reflexión para comenzar una nueva etapa que implique no mostrar rencor, resentimiento, tristeza o coraje por lo que pudo haber sido y no fue. Las lágrimas, el grito o la frustración, en su momento, nos favorece la catarsis y el desahogo, pero nos fortalece para emprender lo que está por venir.
Lo que nos haya contrariado implica una crisis, de bajo o alto nivel, que favorece a responder emocionalmente de forma no muy conveniente. Pasado el suceso, debemos trabajar en lo siguiente: aceptar que el pasado no lo puedes cambiar, pero puedes soltar lo negativo y liberar el peso emocional que representa; afrontar la situación para resolver en lo inmediato las inconformidades de manera amable y justa; dar “vueltas en la cabeza” a una situación desagradable no resuelta, es más adecuado intentar que se muestre diferente; el ser honesto consigo mismo ayudará a no autoengañarse y ver con claridad el problema y por ende, visualizar opciones de solución.
Las emociones son nuestra primera respuesta ante lo adverso y ellas no facilitan el pensar objetivamente, por lo que se actuará de forma impulsiva e inconveniente. Ante todo, hay que mantener la calma, no actuar de forma violenta, y aunque se piense que todo está perdido o que el cambio llevará a situaciones negativas, siempre hay la oportunidad de corregir y reencausar la vida hacia otros horizontes.
La vida no permite jugar con las cartas marcadas. Hay que saber perder y aprender a ganar. Y por el contrario, cambiar solo te da la oportunidad de experimentar algo nuevo, pero no te asegura que tendrás lo que te propones. Hay que ganárselo. Y eso es vivir la vida. ¡Te deseo suerte en tú cambio!