Poemas para la reconciliación

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Los apabullantes resultados de las elecciones han puesto de buenas a unos y de malas a otros. Era de esperarse, así es la democracia. Los optimistas merecen ser escuchados para que aquello que creen probable se vuelva posible. Los pesimistas merecen ser escuchados; sus porqués y sus dudas son razonables.
Si celebras, manifiesta tu júbilo, es hora de echar las campanas a vuelo, la serenidad llegará en su debido momento. Si estás decepcionado o te sientes frustrado, expresa tu contrariedad, da rienda suelta al desencanto; no hay mejor purga para el alma que el sano desahogo. Lo único que no se vale es descalificarnos los unos a los otros. Disidencia, sí; confrontación estéril, no. Usemos el diálogo como llave de reconciliación. A México lo construimos todos. El futuro nos pertenece por igual.
Dicho lo anterior, sugiero recurrir a la poesía como reconfortante bálsamo. Esta es la medicina que propongo:
“No sé por qué piensas tú”, Nicolás Guillén: No sé por qué piensas tú, / soldado, que te odio yo, / si somos la misma cosa /yo, / tú. / Tú eres pobre, lo soy yo; / soy de abajo, lo eres tú; / ¿de dónde has sacado tú, / soldado, que te odio yo? / Me duele que a veces tú / te olvides de quién soy yo; / caramba, si yo soy tú, / lo mismo que tú eres yo. / Pero no por eso yo / he de malquererte, tú; / si somos la misma cosa, / yo, / tú… / Ya nos veremos yo y tú, / juntos en la misma calle, / hombro con hombro, tú y yo, / sin odios ni yo ni tú, / pero sabiendo tú y yo, / adónde vamos yo y tú… / ¡No sé por qué piensas tú, / soldado, que te odio yo!
“Vamos juntos”, Mario Benedetti: Con tu puedo y con mi quiero / vamos juntos compañero / la historia tañe sonora / su lección como campana / para gozar el mañana / hay que pelear el ahora / con tu puedo y con mi quiero / vamos juntos compañero.
“Nocturno de la noche”, José Revueltas: Es preciso, es preciso, es preciso que se caigan los muros, / que cesen los venablos de angustia que nos han atravesado.
“Los libertadores”, Pablo Neruda: Aquí viene el árbol, el árbol / de la tormenta, el árbol del pueblo. / De la tierra suben sus héroes / como las hojas por la savia, / y el viento estrella los follajes / de muchedumbre rumorosa, / hasta que cae la semilla / del pan otra vez a la tierra… / Éste es el árbol de los libres. / El árbol tierra, el árbol nube, / el árbol pan, el árbol flecha, / el árbol puño, el árbol fuego… / Éste es el árbol, el árbol / del pueblo, de todos los pueblos / de la libertad, de la lucha… / Levanta esta tierra en tus manos, / participa de este esplendor.
“Conjugaciones”, Mario Benedetti: De vez en cuando es bueno / ser consciente / de que hoy / de que ahora / estamos fabricando / las nostalgias / que descongelarán / algún futuro.
“Plegaria”, David Huerta: Señor, salva este momento. / Nada tiene de prodigio o milagro / como no sea una sospecha / de inmortalidad, un aliento / de salvación. Se parece / a tantos otros momentos… / Pero está aquí entre nosotros / y crece como una luz amarilla.
“Defensa de la alegría”, Mario Benedetti: Defender la alegría como un principio / defenderla del pasmo y las pesadillas / de los neutrales y de los neutrones / de las dulces infamias / y los graves diagnósticos…/ defender la alegría como un derecho.