“Ni olvido ni perdón”

¡Que se lo pregunten al padre de una niña secuestrada, ultrajada y asesinada! Me gustaría saber a qué le saben las increíbles declaraciones de Andrés Manuel acerca del perdón a los delincuentes, quien -literalmente manoseando la palabra “reconciliación”-, insiste en la amnistía a quienes hayan cometido delitos en nuestro país.
Pero, como muchas de sus ocurrencias, se le olvida que la sociedad que votó por él no es una masa disforme y desprovista de voluntad. En su magnanimidad para con esos asesinos implacables, y homologando el dolor de unos con otros, no se ha detenido a pensar que el perdón no es una obligación que se impone a nadie absolutamente; menos aún, se puede disculpar en nombre de una nación completa cuando no se ha sufrido en cuerpo y alma aquello que se pretende perdonar.
Ya bastante ha padecido este país con la impunidad casi absoluta de quienes pueden pagar por ella, o de quienes no han sido perseguidos por un sistema de justicia completamente insuficiente, como para que, quien encabezará el gobierno por los próximos seis años, ignore que se precisa recordar para que no se repita la injusticia. Porque es precisamente el respeto a la memoria de las víctimas la única vía hacia la reparación del daño enorme que se ha cometido en contra de estas.
Además, las personas despojadas de sus seres queridos tienen el derecho absoluto a no olvidar y, si así lo eligen, a no perdonar; porque el perdón tiene una dimensión personal, no grupal, y quien decide si lo concede o no debe ser la víctima, nadie más.
Que no se olvide AMLO que el perdón no sustituye –ni sustituirá jamás- a la justicia, porque de lo contrario, él y su gabinete serán los nuevos cómplices y facilitadores de más atrocidades en un futuro próximo.
Ahora, yo pregunto: ¿por qué no optar por tranquilizar a este, su pueblo mexicano, con propuestas en las que se muestre como el líder elegido para el “cambio” a través de un sistema fuerte, justo y –sobre todo- congruente? O, ¿será que, en su afán por mostrar su “infinita bondad”, seguiremos a merced de quienes se esconden cobardemente detrás del perdón? ¿A merced de asesinos, de ladrones o de personajes tan oscuros como los Bejarano, los Akabani o los Vallejo, tan culpables como impunes?
Muy seguramente así será; y lo oiremos pregonar, como buen demagogo, que la amnistía nos hará libres, o –lo que es lo mismo- liberará a mas bestias, ahora empoderadas por su “buen corazón”.
Al fin y al cabo, ha de creer que perdonar es recordar sin que duela. ¡Ja! Que se lo digan a una madre a la que le mataron a un hijo.