Silvano Téllez: hombre de honor con Gallos Blancos de Querétaro

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Gracias a su legado de 300 goles, el exfutbolista Silvano Téllez se ha ganado un lugar irremplazable en la historia del futbol y de Gallos Blancos de Querétaro

“Un día jugando béisbol –tenía nueve años- el pitcher lanzó una bola que golpeó mi rodilla. Hasta la actualidad me sigue doliendo, pero ese día cambió mi vida, pues uno de mis amigos me dijo: ‘te dije que mejor jugaras futbol, acá al menos si te pegan te desquitas’… Ese día inició mi historia en el futbol”, narra Silvano Téllez, exjugador de Gallos Blancos.

Silvano –originario de San José Iturbide, Gto.- llegó a Querétaro debido a que sus padres decidieron mudarse en busca de una mejor vida. Su familia nunca fue de deportistas, pues su padre era claro: ‘lo primero era trabajar’. No obstante, Silvano -como todo niño- buscaba diversión en el viejo solar que se encontraba en el barrio de Santa Ana sin descuidar los empleos que tuvo desde muy joven, entre ellos vender gelatinas y bolear zapatos.

Con el paso del tiempo, y tras el accidente en el béisbol, Téllez decidió incursionar en el futbol gracias a uno de sus compañeros, quien formaba parte del equipo de la empresa en la que ambos trabajaban.

“Mi amigo me invitó a participar en el equipo Purina de Segunda Fuerza; yo le dije que a mí solo me gustaba cascarear, pero oficial, pues no. Para animarme me llevó unos zapatos de futbol y el uniforme. El día que debuté fue difícil, pues a los 15 minutos ya traía los pies llenos de ampollas por lo zapatos”.

Tras su primera incursión, al equipo no le fue muy bien y en cada partido recibían sendas goleadas, lo que desilusionaba a Silvano; sin embargo, en la segunda vuelta del campeonato las cosas empezaron a mejorar.

“A los 13 años empecé a jugar oficialmente, lo que me llevó a ser el primer seleccionado nacional de Segunda Fuerza, mi primer torneo fue uno que se realizó en Tijuana, en el que me nombraron el novato del campeonato”.

Tras la participación con la selección, el equipo la Concordia le ofreció jugar con ellos, Téllez solo pidió una cosa a cambio: que le dieran trabajo.

“Con la Concordia jugué dos temporadas; luego en unas visorías llegué a Gallos Blancos de la tercera división que iba regresar al futbol, tras 10 años que había desaparecido tras su fundación en 1950”.

Solo había un ligero problema, su padre no estaba de acuerdo con que su hijo desperdiciara su tiempo jugando, inclusive le llegó a decir: ‘¿Te van a pagar por jugar?, ni que fuera trabajo’.

El 18 de junio de 1967, Gallos disputó su primer partido ante Puebla en el Estadio Municipal. La directiva le dio tres boletos a cada jugador para sus familiares, Silvano se los entregó a su padre, quien no se mostró muy convencido.

“El día del partido mi madre le dijo a mi papá: ‘Ya vámonos porque no vamos a encontrar lugar’, pero mi padre respondió: ‘¿Cómo crees?, ¿quién los va querer ir a ver?’. Cuando llegaron al municipal, mi papá Antonio se sorprendió por la cantidad de personas. Ese día yo metí el primer gol y la gente explotó de felicidad; al final ganamos 2-1”.

“Cuando regresé a la casa, mi papá me estaba esperando en la puerta, me acerqué y él me dio un abrazo que jamás voy a olvidar porque mi papá no era así. Él siempre fue muy seco, mostraba pocas veces sus sentimientos, pero ese día me dijo: ‘Jugaste muy bien’. A partir de ahí iba a todos mis partidos, además se sabía todo lo que tenía que ver con el futbol”.

El delantero de los 300 goles

“Cuando jugué con Gallos anoté cerca de 300 goles, aunque no hay un registro oficial”, pero se encuentran en la memoria colectiva de los que lo vieron jugar y dicen que era un jugador diferente, que siempre mostró garra y pasión.

Silvano era un ‘killer’ que anotaba de 20 a 23 goles por temporada, inclusive en una peleó el campeonato de goleo con Raúl Mañón -de Celaya-; al final Téllez se quedó como subcampeón con 32 tantos; lo que convirtió esta temporada como la más productiva en su larga lista.

“Yo soy Gallo hasta la muerte. Gallos me dejó una entidad muy marcada, es mi familia. Mi mayor satisfacción fue recibir el apoyo incondicional de la afición, ellos me motivaron para salir en cada partido, ellos son el mayor tesoro que me llevó…”

El exfutbolista no hizo dinero del futbol, pero sí amigos, además era otra época -como él mismo dice-, pues al inicio de temporada, los pagos eran puntuales, pero a mitad del torneo el dinero empezaba a escasear y la Directiva condicionaba a sus jugadores: ‘Les pagamos su sueldo o inscribimos al equipo en el torneo’; al final, los jugadores accedían a las condiciones para seguir jugando.

Su gol más recordado fue ante el Cuautla: “Íbamos empatados y a escasos minutos de que se acabara el partido sufrí un golpe que me hizo salir de la cancha. Se cobró tiro de esquina, yo pedí permiso para entrar y me encarreré para elevarme y clavar el balón en la portería. El arbitro sonó su silbato. La gente invadió el campo y me sacó en hombros”.

Silvano se retiró joven, tenía a penas 29 años, pero su rodilla ya no respondía, fue un año antes de que Atletas Campesinos subiera a Primera División, no guarda rencor y reconoce que no le ‘tocaba’.

Solo pido que no me olviden…

En su mejor época, Silvano ayudó a sus padres y hermanos con una casa, no hizo nada por él, porque ellos eran lo más importante, menciona. “Ahora vivo al día en una casa rentada, pero tengo una infinidad de amigos y para mí eso es lo más importante, porque toda la gente ha sido muy buena conmigo, me han apoyado me saludan, se sacan fotos conmigo. Estoy feliz de que no me han olvidado”.

“Yo me retiré con la seguridad de haber cumplido, de dejar a toda la afición mi entusiasmo, mi alegría, mi coraje al defender los colores de Gallos, y creo que la gente está muy agradecida de que les haya dado satisfacciones, estoy seguro de lo que di y de lo que hice”, finalizó con voz quebrada y con una lagrima a punto de salir, pero que se suspendió en el silencio.

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