El Papa y las mentadas de madre…

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Interesante resultó que -en automático- varios medios de comunicación hubieran “cabeceado” las declaraciones del Obispo de Roma como: “Pide Papa acabar con las mentadas de madre”.

“Tenemos el hábito de decir cosas malas, incluso malas palabras. Por favor, nunca, nunca, nunca insultes a los padres de otras personas. ¡Nunca! Nunca insultes a tu madre, nunca insultes a tu padre. ¡Nunca! ¡Nunca! Tú tomas esta decisión interna. De ahora en adelante, nunca insultaré a la madre o al padre de nadie. ¡Le dieron la vida! No deberían ser insultados…” dijo el Papa durante la audiencia en la Plaza de San Pedro.

“Honra a tu padre y a tu madre, […] para que se prolonguen tus días y seas feliz en el país que Dios te da”, dijo también el Pontífice; pero, precisamente en este país que Dios nos dio –en donde, según el INEGI, el 82.9% de la población es católica (el 95.3%, en Querétaro)-, la petición resulta francamente imposible de cumplir.

Y no porque desobedezcamos el cuarto mandamiento de la Ley de Dios, sino porque las mentadas están en nuestro ADN. No en balde, en el México colorido, la mismísima Academia Mexicana de la Lengua –entre sus mexicanismos- incorporó la locución “mentar la madre”: “injuriar u ofender a alguien”.

Claro que tras haber incluido más acepciones de “madre”: “apelativo para dirigirse a una mujer: Madre ¿Cómo amanecimos hoy?”, “Cosa insignificante o inútil: En el intercambio de regalos me dieron una madre que no sirve para nada”, “Objeto cuyo nombre o función se desconoce u olvida: Pásame esa madre con la que se aprietan los tornillos”, incluso “evento desconocido: Había una madre en el Zócalo, pero ya no nos quedamos”.

Y el sinnúmero de connotaciones de palabras como “madrear”: “Golpear fuertemente a alguien: Carlos madreó a Pepe por hocicón”, “Descomponer: Mi vecino madreó el televisor al intentar repararlo”; y, hasta el eufemismo “máuser”, el cual –explica el documento- “Se usa para manifestar diversos estados de ánimo, especialmente sorpresa y enfado: ¡En la máuser!, se me olvidó el dinero en la casa”.

Incluso, en este país tenemos un “Manual para mandar a la chingada”, el cual aclara que la frase no es un insulto, “es sólo una buena manera de ayudar a la gente a encontrar el camino correcto”.

Bueno, ¡hasta nuestro presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, llamó a su rancho en Chiapas: “La Chingada”!

Y ¿quién es la Chingada? Octavio Paz, en El Laberinto de la Soledad, explica: “Ante todo, es la Madre. No una Madre de carne y hueso, sino una figura mítica. La Chingada es una de las representaciones mexicanas de la Maternidad, como la Llorona o la “sufrida madre mexicana” que festejamos el diez de mayo. La Chingada es la madre que ha sufrido, metafórica o realmente, la acción corrosiva e infamante implícita en el verbo que le da nombre”.

Así, para el Nobel de Literatura “Toda la angustiosa tensión que nos habita se expresa en una frase que nos viene a la boca cuando la cólera, la alegría o el entusiasmo nos llevan a exaltar nuestra condición de mexicanos: ¡Viva México, hijos de la “Chingada”! Verdadero grito de guerra, cargado de una electricidad particular, esta frase es un reto y una afirmación, un disparo, dirigido contra un enemigo imaginario y una explosión en el aire”. Por ello, acabar con las mentadas de madre sería como borrar parte de nuestra esencia…

A ver si no resulta que la recomendación papal se vuelve como las llamadas a misa…